Así es vivir en Chile, según las blogueras extranjeras

Instaladas en el país por estudios, espíritu aventurero o por amor, una comunidad de blogueras se junta, se pasa datos y prepara el camino para otros foráneos que tienen planes de quedarse. Les cuentan desde cómo se saluda, hasta cuán impuntual hay que ser en este lado del planeta.

por José Miguel Jaque / Fotografía: Jorge Fuica
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Kyle Hepp(27) apenas hablaba el español, pero se animó a acompañar a una amiga a una fiesta. Sebastián (30), el cumpleañero, la miró toda la noche. Cuando llegó la hora de irse le dijo: "¿Te vas? Pero ni siquiera hemos hablado…". "Me has mirado toda la noche y no me has dicho una palabra", le respondió ella. Entonces, Sebastián atinó y le pidió el número de teléfono. Fue el comienzo de una relación que ancló a Kyle en Chile, donde ya lleva siete años. El episodio también destapó una de sus implacables impresiones sobre los chilenos: "Son un poco pavos para conquistar".

Esa escena no quedó registrada en su blog www.kylehepp.com, pero es una de las escenas que marcaron su estadía en el país. Kyle es una de las primeras blogueras extranjeras que se sentó frente al computador y empezó a contar lo que le pasaba acá. Hoy existe una comunidad que suma varias decenas que hacen lo mismo: entregan datos para quienes piensan radicarse en el país -desde cómo comportarse socialmente, hasta el eterno recorrido para obtener documentos-, comentan sobre lugares y momentos y toman su propia radiografía de quienes habitamos acá. La mayoría son norteamericanas que vinieron por primera vez de intercambio o a estudiar y ahora viven o ya están casadas con chilenos.

Escribir en un blog es una manera de hacer más llevadera la experiencia de ser un extranjero que debe aprender a convivir con otras reglas de juego y sin las cosas que marcaron su infancia: Kyle aún recuerda la alegría que sintió cuando le avisaron del único supermercado donde, al fin, podía encontrar mantequilla de maní. Ahora espera la confirmación de un local que ofrece bagels, esos panes redondos con un hoyo en el medio, adobados con distintas pastas que hacen añorar las mañanas en Manhattan.

La conclusión común de las blogueras es que vivir en Chile parecía más fácil en la ficción que en la realidad. El choque inicial queda bien retratado en algunos posteos. Eileen Smith (http://bearshapedsphere.blogspot.com) es lingüista y dedicó varias líneas al particular significado del español en este país. "Me decían 'de repente vamos al cine'. Para mí, de repente significa súbitamente. Me descolocaba eso de llegar de sorpresa al cine… no entendía. Pero acá de repente es sinónimo de tal vez". También se preguntaba por qué decimos "estoy complicado", en lugar de decir derechamente "no estoy disponible". "No digo que estén equivocados, pero lo que uno encuentra en el diccionario no se aplica tal cual acá", comenta.

Abby Hall (http://abbysline.com) pisó por primera vez el país en 2007 y fue más lejos: elaboró una especie de guía de los buenos modales que todo extranjero debiera tener en cuenta. Algunos pasos imperdibles:

1 Saludar. Sí, es molesto tener que dar la vuelta y dar un beso a cada uno en la mejilla, pero los chilenos lo ven como una señal de respeto. Es más: cuando hay visitas haga un esfuerzo y mantenga una pequeña conversación. Es bien visto.

2 Despedirse. Diga adiós si pasó poco tiempo y dé un beso en la mejilla si estuvo un tiempo mayor. Lo que es realmente grosero es dejar un lugar sin, al menos, decir "¡chao!".

3 Decir "buenos días" o "buenas tardes" en lugar de "hola". Se aplica en cualquier lugar público, como la farmacia, tienda de comestibles, un notario, oficina, etc. Si lo combina con una sonrisa, mejor.

4 Si le ofrecen una bebida cuando está de visita, acepte. En EEUU, generalmente, se enseña que lo correcto es declinar. Pero aquí te miran como si tuviera dos cabezas: "¡¿está seguro?!".

5 Terminar toda la comida del plato (en la medida en que sea posible). Esto se considera un cumplido para el cocinero y no será visto como glotonería. De hecho, si puede, tome un segundo plato.

Margaret Snook (www.cachandochile.com), antropóloga que llegó hace 20 años a Chile, también se animó con una imperdible ayuda a los recién llegados: un glosario de chilenismos donde caben términos y dichos como Armonyl / "Tómarse un Armonyl", Bigoteado, Caer patos asados, Cartoné, Hoy canta Gardel, Listeilor o Marepoto. Es su post más popular, al punto que quienes le comentan agregan más términos.

Emily Williams (www.emilyinchile.com) vino a estudiar un semestre Ciencias Políticas a la U. de Chile, en 2005, empezó a pololear, regresó a la Ucla a terminar su carrera y ahora vive en Santiago, casada con el mismo pololo. En la casa donde vino de intercambio le enseñaron que en Chile siempre se llega tarde. "Me decían que si llegaba a la hora a una fiesta los anfitriones se iban a estar vistiendo. Entonces, me quedaba sentada esperando", cuenta. El problema es que no entendía cuánto tenía que esperar. "Si voy a almorzar con alguien, ¿cuánto rato lo dejo esperando? No pueden ser dos horas. Y a un carrete, ¿cuánto más tarde se llega". Aunque ha ido incorporando la práctica, no logra aplicarla en caso de ser ella la anfitriona. "Lo siento: mi papá es inglés. Si tengo gente invitada a la casa yo igual estoy lista a la hora, aunque sé que la gente no va a llegar".

Emily descubrió in situ cómo funciona una de las excusas más comunes. Iba en la micro y escuchó a un tipo al teléfono decir: "Me falta poco para llegar. Voy en Bilbao con Los Leones". La micro, en realidad, no había pasado Manuel Montt. "La gente nunca dice dónde está verdaderamente. Eso lo caché observando. Cuando te dicen 'voy saliendo de mi casa', significa que te faltan 10 minutos para salir". ¿Una más? A Emily aún le sorprende que los chilenos no sepan decir no. Si pregunta dónde está el paradero, pueden mandarla a cualquier parte con tal de ayudarla, pero nunca le dicen "no sé".

Las blogueras suman miles de caracteres cuando advierten a quienes recién llegan sobre los imponderables trámites. Vamos por parte. Capítulo uno: la cuenta corriente. "En Estados Unidos puedes abrir una sin tener residencia y acá me pedían hasta un aval. Y cuando firmé los papeles, el ejecutivo hizo un escándalo por firmar un poco más allá de la línea. La burocracia es un tema", dice Andrea González (http://chileangringa.blogspot.com), serenense que dejó el país a los tres años, se radicó en San Francisco y volvió con un novio chileno que ahora es su marido. Capítulo dos: el dentista. "Me dieron media hora para una limpieza y un par de caries. Y después tuve que pedir otra media hora para seguir con el mismo procedimiento sin que me lo advirtieran. ¿Por qué no lo hacen todo altiro? Sería más eficiente usar los mismos implementos y sin perder tiempo", cuenta Emily. Capítulo tres: residencia. Kyle cuenta que perdió un día completo intentando sacar papeles en Extranjería. Llegó a las 11 de la mañana y a las 16.30 recibió como respuesta que le faltaba un papel notarial que no le pidieron en un principio. "Quería llorar. Significaba perder otro día en lo mismo. La señora que me atendía me pidió que me acercara: si lloras, el chileno siempre está dispuesto a escuchar tu historia. Me dijo: 'Si vienes con una guagua no haces la fila'. Yo volví al día siguiente, pero sin guagua. Esperé otras seis horas. Y ahora cada vez que veo a personas con guaguas me pregunto si es de ellos".

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