LA TERCERA EDICION IMPRESA | martes 02 de agosto de 2011
Señor director:
Tiene razón Alejandro Ferreiro en su última columna, cuando señala que el ministro Longueira está personalizando la defensa de los consumidores a través del apoyo otorgado al Sernac y que ello puede debilitar a éste en el mediano plazo, pues retrasa las reformas a dicho organismo que debieran debatirse en el Congreso.
Lo que el columnista olvida es que, en la práctica, la falta de poder del Sernac no se debe sólo a falta de consenso en el Poder Legislativo, sino también, y quizás en mayor medida, a los obstáculos que encuentra en el Ejecutivo. Por ejemplo, aunque en el papel el Sernac puede demandar colectivamente a industrias reguladas tales como bancos, compañías de seguros o empresas de telefonía móvil, hacerlo con llevaría abiertos roces con los superintendentes y subsecretarios respectivos que podrían dañar la cohesión interna del gobierno de turno. Prueba de ello es que en los últimos seis años el Sernac jamás ha interpuesto directamente una acción colectiva en contra de prácticas comerciales habituales de industrias reguladas que, sin embargo, lideran sus listas de reclamos. Respecto de estas industrias la acción del Sernac se limita a obtener compensaciones para los consumidores en caso de errores involuntarios, o a tratar de que los reguladores cambien la regulación que perjudica a los consumidores.
Visto de esta forma, el hecho de que el ministro Longueira se involucre activamente en el Sernac tiene la gran ventaja de reducir las restricciones "no escritas" que dicho organismo enfrenta dentro del Ejecutivo, en particular, si decide emprender acciones en contra de industrias reguladas o decide desafiar regulaciones emanadas de superintendencias y subsecretarías que injustificadamente atenten contra de los derechos de los consumidores.
Agustín Barroilhet Díez
Centro de Regulación y Competencia, U. de Chile