LA TERCERA EDICION IMPRESA | domingo 17 de julio de 2011
Para crecer al 6%, la inversión debe subir del 21% al 27% del PIB, plantea. Gravar las utilidades afectaría una de las principales fuentes de financiamiento de la inversión, dice. También le inquieta la sobrerregulación que enfrentan los proyectos hoy.
Como un ciclo de dualidad. Así describe el presidente de la Sofofa, Andrés Concha, el momento por el que atraviesa el país. Mientras por un lado la economía está creciendo a buen ritmo, en forma paralela hay descontento en grupos específicos que se manifiestan, por ejemplo, en movilizaciones sociales, dice.
El timonel de la industria entra al debate de la educación; cree que no hay que demonizar el lucro, pero que debe transparentarse. Asimismo, no oculta su preocupación por la sobrerregulación que deben enfrentar los proyectos de inversión, al tiempo que considera que la discusión tributaria que ha surgido desde distintos frentes políticos hace perder el foco en el crecimiento.
La última encuesta de la Cámara de Comercio de Santiago mostró una caída de las expectativas empresariales. Además de los factores externos, ¿qué componente interno explica la baja en las expectativas?
En lo interno hay dos cosas. Lo primero, el ritmo de expansión de la economía, que ha estado muy dinámico en este semestre, se va a moderar en la segunda mitad del año. Por otra parte está el impacto de las movilizaciones sociales, que generan alguna preocupación, por las consecuencias que puedan traer en materia de decisiones de gasto fiscal. Y esa es una variable muy relevante en la economía.
¿Qué tan grande es esa preocupación?
Ha habido proyectos de protección social que demandan más recursos, como el posnatal, el retiro del 7% para los pensionados. Pronto viene el ingreso ético familiar y, obviamente, los anuncios vinculados con el mayor financiamiento a la educación superior. Sin embargo, también hemos visto el llamado a la calma de parte del ministro de Hacienda, que ha sido reiterativo en decir que el gobierno mantendrá los objetivos fiscales que se ha trazado.
¿Y eso lo deja tranquilo?
A mí me deja tranquilo. Creo que se cumplirán los objetivos fiscales. En la medida en que ello no ocurra, el problema que genera la apreciación cambiaria se haría más severo. En ese sentido, vemos que el gobierno tiene una restricción importante para ceder en materia de gasto.
Si el tema está claro, ¿por qué preocupa a los empresarios?
Claramente, cuando el foco de la atención pública se desvía sobre el eje central, que es el crecimiento, genera siempre una suerte de nerviosismo por el impacto que pueda tener en el comportamiento de otras variables, como la fiscal, la cambiaria, la tributaria.
¿Y usted ve que ese nerviosismo podría ir aumentando?
Tenemos que ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Estamos atravesando por un ciclo donde se da esta dualidad: por una parte, la economía está caminando muy bien, hay un proceso de inversiones relativamente significativas en marcha, el empleo ha aumentado y las remuneraciones y el consumo también. Pero por otro lado, vemos una sociedad y una ciudadanía más activas en expresar sus preocupaciones en materias específicas. Hay focos puntuales, donde hay un nivel de insatisfacción de la gente. Por otra parte, el diálogo político se ha endu- recido. Y eso se expresa en las encuestas.
A propósito de la educación, el gobierno puso sobre la mesa un fondo de US$ 4.000 millones y eso abrió una discusión transversal sobre una reforma tributaria. ¿Cuál es su posición al respecto?
En esa materia hay que caminar con mucho cuidado. La actual estructura tributaria representa un claro estímulo a la inversión. Un cambio de estructura tributaria, en este momento, nos haría perder el foco en el crecimiento y en la urgencia de sustentar un crecimiento elevado. En ese sentido, nos parece que una propuesta de este tipo, de ser acogida, es extemporánea.
Chile hoy día tiene un nivel de inversión equivalente al 21% del PIB y para poder sostener tasas de crecimiento en torno al 6% y avanzar con rapidez a la meta del desarrollo, requiere niveles de inversión en torno de 27% o 28% del PIB. Tenemos que hacer un esfuerzo adicional en inversión, pero si vamos a estar gravando una de las principales fuentes de financiamiento, estaremos restando recursos para el objetivo de poder crecer a una tasa más acelerada, y, al hacerlo, afectaremos el desarrollo social.
En el sector privado se advierten dos visiones. El ex presidente de la Sofofa Felipe Lamarca dijo que hay que avanzar en una gran reforma tributaria.
Es normal que estas cosas ocurran. Discrepamos en lo relativo al impuesto que grava a las empresas, pero comparto con él que los tramos de renta a los cuales están afectos todos los profesionales, que pagan impuestos al trabajo, son muy cortos y, en ese sentido, éstos debieran ser revisados.
Las demandas sociales, más un debate sobre reforma tributaria, ¿qué clima de negocios configura hoy para los empresarios?
Tenemos confianza de que no perderemos el foco del crecimiento. Los temas importantes que enfrentamos son la energía, la preparación técnica de la fuerza de trabajo, el desarrollo de la infraestructura, entre otros. Los factores que inciden en la productividad y en la competitividad son los que preocupan a los inversionistas. Un inversionista, para poder proyectar un modelo de negocios de manera exitosa, necesita ser más productivo. Y eso se consigue con energía más barata, mejores caminos, técnicos mejor preparados, menos trámites para hacer las cosas.
¿Hoy no están esas condiciones?
Esos elementos están presentes, pero hay muchos de ellos en los cuales tenemos que mejorar. Hoy, los inversionistas enfrentan un entorno de muchas regulaciones, que hacen que, en definitiva, los tiempos para llevar adelante las inversiones sean mayores. En vivienda, son cerca de 20 instituciones que tienen que concurrir con su consentimiento para concretar un proyecto. Obtener una concesión pesquera no significa menos de 4,5 ó 6 años. Y qué decir de un proyecto eléctrico, que hoy toma de cuatro a ocho años.
Hoy, además, hay más derechos vigentes y que muchas veces se cruzan con los proyectos de inversión, no solamente en materia ambiental, sanitarias y permisos municipales, sino también, las vinculadas a normas sobre bosque nativo, respeto a las comunidades indígenas, otorgamiento de concesiones, participación ciudadana, respeto a las áreas protegidas, entre muchas otras, propias de la sociedad actual.
¿Hoy es igual de difícil para un inversionista desarrollar un proyecto que hace un año?
Las regulaciones de hoy son básicamente las mismas que de hace tres años, pero se está avanzando, por iniciativa del ministro de Economía, en simplificar algunas de ellas, como los trámites para constituir una empresa, iniciar una actividad y acelerar los procesos de quiebra. El Estado que hoy tenemos requiere muchos ajustes para facilitar la gestión de proyectos grandes, medianos y chicos y así poder acelerar la materialización de las inversiones.
Hernán Büchi advirtió de un tsunami anti empresas, ¿lo comparte?
Su crítica a la tramitología la compartimos plenamente. La libertad de emprender se desenvuelve en un marco excesivamente regulado. En Chile tenemos más regulaciones de las necesarias y eso hace que muchas veces enfrentemos situaciones que afectan a las empresas más chicas. Los emprendimientos más grandes, que cuentan con más recursos, igual enfrentan problemas, y los proyectos chicos, muchas veces terminan por sucumbir. La simplificación de la sobrerregulación es un desafío para poder estructurar un Estado moderno.
¿Había más expectativas de lo que podía hacer este gobierno?
El primer año, el gobierno tuvo que enfrentar la contingencia del terremoto y lo hizo muy bien. En esta segunda parte, a pesar de todas las complicaciones que imponen las movilizaciones, vemos buena disposición política a avanzar en la línea de la modernización.
Tras la formulación de cargos por parte de la SVS en el caso La Polar, la visión de Andrés Concha es clara: "Ha sido una decepción muy grande", dice. ¿La razón? "En este caso, las señales indican el uso de malas prácticas. Los agentes económicos relacionados con La Polar, principalmente sus acreedores, sus accionistas e incluso, los integrantes de su gobierno corporativo, enfrentaron señales distorsionadas. Eso no es lo que la sociedad espera ocurra en la gestión de una empresa", afirma. De todo esto se sacarán lecciones. "Acá hay un antes y un después. Esto ha calado muy profundo en todos los estamentos empresariales. Si bien el refrán dice que una golondrina no hace verano, el caso La Polar representa un fuerte campanazo de alerta. Cada uno al interior de su empresa tiene que hacer un proceso de reflexión. La lección es que hay que estar siempre vigilante, no hay que descuidarse. Como en la fábula de la liebre y la tortuga, en que al final la liebre perdió porque se quedó dormida. En el ejercicio empresarial es claro que, si vamos a dormir, lo podemos hacer, pero con un ojo abierto", sostiene.
El presidente de la Sofofa ha seguido de cerca el debate público sobre la educación y cree que esta es una oportunidad para analizar a fondo el tema. "Ha habido un avance enorme, pero también arrastramos algunos problemas. Uno ve que hay alumnos en carreras que enfrentan un escenario laboral donde las remuneraciones son modestas, en relación con la deuda que han adquirido, y otros que al desertar acceden al mercado laboral sin un título que les permita acceder a una mejor remuneración", dice. Le preocupa, por ejemplo, que mientras el mercado está demandando más técnicos en sectores como la minería, la construcción, la industria, la agricultura, la pesca y los servicios, apenas un tercio de los alumnos de la educación superior, estén matriculados en este tipo de carreras. ¿Hay un error de foco? Durante muchos años se privilegió el financiamiento de la educación universitaria, a través del Fondo Solidario, con créditos de largo plazo y bajas tasas, mientras los alumnos de las carreras técnicas tenían que pagar de su bolsillo. Por eso, nuestra educación superior está un poco desajustada a la estructura de la demanda laboral. ¿Eso podría afectar el crecimiento? El sistema se está ajustando. En 2011, por primera vez en la historia, la matrícula para los técnicos es levemente superior a la de los universitarios. Y ahora, la última propuesta del gobierno, el Gane, considera eliminar las discriminaciones en contra de quien estudie una carrera técnica. Eso es muy positivo. ¿Considera que la propuesta del gobierno va en la línea correcta? Vemos iniciativas muy positivas, como eliminar discriminaciones en contra de la educación técnica y transparentar la empleabilidad de los egresados. ¿Incluyendo el debate sobre el lucro? Nos parece bien y muy pertinente que se discuta. La verdad es que el lucro ha sido un factor muy relevante para explicar el desarrollo del país en los últimos 30 años y no se podría concebir un desarrollo económico basado en el emprendimiento privado sin él. Por otra parte, cómo vamos a demonizar el lucro, si ya está entregando buenos resultados en educación técnico-profesional. ¿Por qué tanto temor? El lucro permite aportar recursos, ampliar la oferta y promover mayores niveles de competencia. ¿Y en la educación también? En la educación ocurre lo mismo. Es válida la discusión que se da sobre si las entidades con fines de lucro debieran o no recibir algún apoyo del Estado. Pensamos que, en general, ese apoyo debiera ir a los alumnos y que ellos decidan dónde estudiar. Es una discusión que necesariamente hay que hacer. Taparse la cara y decir que en la educación en Chile el lucro no tiene nada que hacer sería realmente cercenar una opción alternativa para poder apostar a un modelo de mejor calidad de educación.