LA TERCERA EDICION IMPRESA | viernes 15 de julio de 2011
Cartas a un joven novelista se publicó en 1997 por Planeta, pero no llegó a un público masivo.
Era 1997 y el nombre de Mario Vargas Llosa sonaba con fuerza para llevarse el Premio Nobel de Literatura. Pero no era su turno. Sí lo fue para Dario Fo. Ese año, el escritor peruano publicó Los cuadernos de don Rigoberto, y la XVII Feria del Libro de Santiago fue uno de los escenarios para su lanzamiento. La historia, de un maduro funcionario de seguros y sus fantasías eróticas, lo reivindicaba como uno de los grandes autores del continente. Otro hecho de 1997 marcaría su trayectoria. La editorial Alfaguara iniciaba la Biblioteca Vargas Llosa con la reedición de su premiada novela La ciudad y los perros. Pero, ese mismo año, publicó un libro que pasaría prácticamente desapercibido: Cartas a un joven novelista. La obra había sido concebida como parte de una colección, donde una serie de escritores volcarían sus experiencias teniendo como remitente a un aprendiz. Sin embargo, ese primer intento editorial falló y finalmenente Planeta lanzó el volumen.
"Un libro muy personal y, en cierto modo, una discreta autobiografía", escribe Vargas Llosa en la nota inicial del volumen -fechada en enero de 2011-, para la reedición de Cartas a un joven novelista, que ahora llega a librerías por editorial Alfaguara.
A la manera de Rainer Maria Rilke y sus Cartas a un joven poeta, Vargas Llosa escribió 12 misivas a ese escritor en ciernes. El libro, además permite conocer sus propios inicios.
"Escribir es una manera de vivir". La frase de Gustave Flaubert, fue una máxima para Vargas Llosa, antes de llegar a París en 1958 con 22 años. La vocación literaria como una religión, "una dedicación exclusiva y excluyente, una prioridad a la que nada puede anteponerse". Y luego, el autor nacido en Arequipa, recomienda a su "Querido amigo" las cartas entre Flaubert y su amante Louise Colet. "A mí me ayudó mucho leer esa correspondencia cuando escribía mis primeros libros. Aunque Flaubert era un pesimista... su amor por la literatura no tuvo límites".
Luego, la creación de historias (la estructura de la novela), la ficción y el estilo serán el centro de sus consejos. "La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata", y agrega sobre la autenticidad: "Después de Borges, García Márquez es el escritor más imitado de la lengua". También, le dice a su lector tener en cuenta: "Aunque el punto de partida de la invención del novelista es lo vivido, no es ni puede serlo el de llegada". Y pone como ejemplo a Marcel Proust. El autor que hurgó, "como un prolijo arqueólogo en todos los recovecos de su memoria".