LA TERCERA EDICION IMPRESA | martes 28 de junio de 2011
Hace una semana, la Corfo anunciaba el fin de la promoción de clusters. En editorial de La Tercera lo celebró. Dicha política fue desarrollada por el Consejo Nacional de Innovación y pertenece a la Estrategia Nacional de Innovación vigente. Esta fue aprobada por el gobierno anterior, pero es fruto del consenso amplio de más de mil expertos. Es una estrategia de Estado.
La autoridad puede revisar la estrategia, pero cambios gruesos de orientación -como terminar el apoyo a clusters- deberían darse en un contexto similar al que la generó: una discusión técnica profunda y abierta. El problema no es sólo procedimental.
Esta forma de diseñar políticas públicas es crítica para aquellas -como la innovación- cuyos resultados demoran en ser visibles, pues le dan consistencia en el tiempo. Por el método poco participativo usado en esta ocasión, no sabremos si la política de clusters estaba mal diseñada o no llegó a generar resultados producto de este repentino cambio en las reglas del juego.
En cuanto al tema de fondo, muchas veces la discusión no analiza experiencias exitosas de muchos países, sino sólo casos fracasados de industrialización forzada. La razón es ideológica: no se quiere discutir este rol del Estado. Con ello, a ciegas, Chile pierde un instrumento potencialmente útil para su desarrollo.
Los países más exitosos de los últimos 50 años, como Corea del Sur, Taiwán, Malasia, Finlandia o Israel, han utilizado políticas activas de desarrollo. EEUU, supuesto paraíso del laissez-faire, tiene cuantiosos incentivos a la innovación e investigación aplicada en sectores.
Mientras Chile está traumado por sus políticas industriales pasadas, el mundo desarrollado ha aprendido de sus errores. Sus universidades estudian y enseñan los fracasos de la industrialización forzada, pero al mismo tiempo concluyen que ningún país se ha desarrollado sin implementar algún tipo de política industrial. Chile también necesita una, pero con requisitos.
Uno, el apoyo sectorial debe ser complementario a incentivos horizontales. Dos, el apoyo debe ir a sectores con ventajas comparativas reveladas por el mercado. Datos geográficos, de recursos naturales, del capital humano o empresarial, ayudan a determinar sin arbitrariedad sectores con potencial. Una institucionalidad autónoma, técnica y transparente que chequee logros y retire incentivos innecesarios es clave. Tres, el apoyo debe corregir fallas de mercado -incluyendo la provisión de bienes públicos- y fallas de coordinación (incluso del sector público). Se trata de focalizar el uso de recursos, no de proteger con subsidios y aranceles.
Al parecer, la Corfo cree que toda política industrial se asemeja a la de los años 60, desconociendo décadas de desarrollo intelectual y evidencia empírica mundial de políticas industriales exitosas. Ellas utilizan ventajas competitivas, generan bienes públicos y corrigen fallas de mercado para desarrollar encadenamientos productivos en torno a ellas. Más allá de la ideología, no parece haber razones para desbaratar de golpe una política de largo plazo que recién daba sus primeros pasos.