El nuevo Lavín al pizarrón

Las movilizaciones se transformaron en la crisis más compleja del ministro y pusieron a prueba el proceso de reinvención que ha desplegado desde 2010, cuando se alejó de su perfil político y sus samuráis.

por Michelle Chapochnick
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Un día antes de la protesta estudiantil que convocó a más de 80 mil personas y que fue consignada como la más grande desde 1990, el ministro Joaquín Lavín se dirigió a una reunión en La Moneda. Eran las 5 de la tarde del miércoles 15 y lo esperaban el Presidente Sebastián Piñera, el titular de Interior, Rodrigo Hinzpeter, y el alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett. Sin rodeos, tras realizar un control de daños del conflicto, los asistentes abordaron la posibilidad de desalojar los 300 colegios tomados o apostar por el desgaste del movimiento.

Ambas alternativas tenían riesgos y no garantizaban el término de las protestas. El desalojo podía terminar con imágenes de estudiantes y carabineros heridos, agudizando la crisis y victimizando a los escolares. La tesis de horadar al movimiento y apoyarse en el rechazo de buena parte de los centros de padres, en cambio, daba más margen al gobierno. Así lo entendió Piñera: los jóvenes podían terminar cansados de dormir en los colegios en pleno invierno y con el paso de las semanas tomaría fuerza la posibilidad real de perder el año escolar.

La iniciativa no impedía continuar enfrentando con mano dura los destrozos en decenas de colegios y los episodios de desorden público, que el jueves pasado tuvo nuevas muestras durante una marcha que convocó a 20 mil estudiantes. La posibilidad de adelantar las vacaciones de invierno surgió entonces como una alternativa para desahogar la crisis, al menos por un par de semanas. Las protestas no amainaban y ya se extendían por casi dos meses, instalando el peor de los escenarios para el gobierno y Lavín: la estampida de estudiantes secundarios y universitarios en las calles al mismo tiempo.

Dos días después, con las negociaciones a dos bandas, el ministro regresó a La Moneda. La reunión incluyó a la jefa de los asesores presidenciales, María Luisa Brahm, y se habló de la necesidad de involucrar a más actores en el debate, con el fin de no centralizar la crisis exclusivamente en manos del gobierno. Otro tema pasó por apuntalar una negociación con los universitarios. La cita se convertiría así en el preámbulo de la propuesta que el ministro realizó el martes 21 a la presidenta de la Fech, Camila Vallejo.

En el gobierno señalan que Lavín estaba consciente de que se trataba de la mayor crisis desde que llegó a Educación, un ministerio en que sus antecesores tuvieron difíciles experiencias: Martín Zilic cayó en 2006 por las protestas de los "pingüinos"; Yasna Provoste abandonó el cargo por una acusación constitucional, y a Mónica Jiménez le lanzaron un jarrón de agua en un acto. Ahora, las demandas que concentraba el ministro en su cartera incluían buena parte de la agenda estudiantil de los últimos 20 años. Los secundarios pedían, por una parte, reducir la privatización de los colegios, Tarjeta Nacional Estudiantil gratuita todo el año y mejoras en los colegios dañados. Los universitarios, por otra, exigían la recuperación de la enseñanza pública, el fin del lucro, más democracia en las casas de estudios y rebaja de aranceles, matrículas y créditos. No sólo eso.

El rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez, ha ejercido una fuerte presión para conservar los beneficios que la casa de estudios tuvo durante los gobiernos de la Concertación.

En este contexto, poco servían las redes que tejió en 2010 con algunos parlamentarios de oposición durante la reforma educacional, como Ignacio Walker o Carlos Montes. Tampoco sus escasas redes en la Confech. En el oficialismo afirman que el ministro apuntó entonces a iniciar contactos con el PC para desactivar las movilizaciones. Algunos hombres claves en esos contactos, añaden los mismos personeros, han sido, por una parte, el encargado nacional de las JJCC y principal asesor de Camila Vallejo, Juan Urra. Por otra, el diputado Hugo Gutiérrez, a través de gestiones del UDI Gustavo Hasbún, quien lo conoce desde los años en que era edil de Estación Central. Gutiérrez y el PC, sin embargo, niegan que existan dichas conversaciones.

Lavín ha resentido algunos momentos complejos de la crisis, como fue la agresión de estudiantes de la Utem. En el gobierno tienen claro que el conflicto era esperable, aunque creen que para encararlo le facilitará haberse forjado en política como una suerte de "sobreviviente" a la adversidad: en 1989 fue derrotado por Evelyn Matthei en Las Condes, tuvo dos fallidos intentos por llegar a La Moneda y en 2009 Francisco Chahuán lo venció en la elección de la Quinta Costa.

En La Moneda señalan que el ministro está convencido de que el conflicto forma parte de los costos por la baja popularidad del gobierno. Pero está dispuesto a pagarlos. Sus altos índices de aprobación le permiten sortear con mayor capital político la crisis. Algunos personeros incluso creen que es una "suerte" que ahora esté enfrente de las movilizaciones y no en 2010, cuando estaba lejos de marcar el 70% de apoyo que obtuvo en la última encuesta Adimark y vivía junto al gobierno de Piñera un año sui géneris. Se trataba de un debut marcado por el rescate de los mineros, el Mundial y las celebraciones del Bicentenario, entre otros hechos.

En el gobierno señalan que el desgastar su capital político en el conflicto es un escenario previsible para Lavín. No sólo eso: estiman que podría llegar a bajar 20 puntos en los próximos sondeos, lo que se suma a los ocho que descendió en el último estudio de Adimark. Las negociaciones con los estudiantes, sin embargo, ofrecen una oportunidad: instalar mesas de trabajo, elaborar proyectos de ley, perfilar su gestión y catapultarse como el "gran reformador" de la Educación.

La crisis estudiantil puso a prueba su "reinvención" política, que inauguró al llegar al ministerio. Lavín ya había estrenado un estilo marcado por un carácter más fuerte y su disposición a pagar los costos de estar en la primera línea del conflicto. Muestra de ello fue su reacción tras ser agredido por estudiantes de la Utem. "Pudo ser un momento para mí incómodo en lo personal, pero no me van a amedrentar en nada. La reforma a la educación superior va".

Desde el 11 de marzo de 2010, el ministro dejó de hablar de política en público y se preocupó de sólo aparecer ligado a temas de su cartera. Además, prescindió de los consejeros que lo acompañaron desde sus primera campaña, " los samuráis", y ahora se apoya en dos hombres claves de su ministerio: el subsecretario de Educación, Fernando Rojas, y el jefe de la división de Educación Superior, Juan José Ugarte, quien es su nexo con los rectores de las universidades.

Aunque suele hablar por teléfono con algunos de sus ex samuráis para pedir consejos, como el empresario Carlos Alberto Délano y su ex asesor Gonzalo Cordero, Lavín optó por no levantar suspicacias: el tener un equipo paralelo podría ser interpretado como una manera de levantar una nueva candidatura.

Desde que llegó a Educación, además, comenzó a cultivar una buena relación con Piñera. Durante la crisis, habla por teléfono a diario con el Presidente y se traslada usualmente a su despacho de La Moneda. Lo mismo con Hinzpeter: ha mantenido diversos contactos con el titular de Interior los últimos días, pues en el conflicto está en juego el orden público. Las conversaciones con Cristián Larroulet también son frecuentes. Así lo ha sido en los últimos 30 años: el ministro formó parte de sus ex samuráis.

El domingo 12, Lavín asistió al programa Tolerancia Cero. Fiel a su nuevo estilo, el ministro contestó de forma fuerte y directa y sonrió poco. En la entrevista fue consultado por un tema que lo afecta en lo personal en el conflicto de los estudiantes universitarios, que piden fin al lucro: el haber sido uno de los propietarios de la Universidad del Desarrollo.

El ex edil dijo que había recuperado lo invertido y que vendió su participación antes de asumir en Educación. La sola mención del tema generó una evaluación negativa entre algunos personeros del oficialismo.

Antes de llegar al gobierno, dicen en el oficialismo, el ministro estimaba que su participación en la UDD era un punto a su favor: lo mostraba como un entendido en la educación superior. Ahora, sin embargo, en el Ejecutivo están conscientes de que se trata de un punto conflictivo. Desde la entrevista en Tolerancia Cero, Lavín no ha dado más antecedentes sobre la participación que tuvo en la UDD. Según datos recogidos por La Tercera, cuando se fundó la universidad, en 1990, su participación era de 15%. La UDD partió en una casa arrendada en Concepción y cuando Lavín vendió su participación, antes de entrar el gobierno, se había convertido en una de las mayores universidades privadas del país.

Respecto del término del lucro en las universidades, Educación baraja varias alternativas. La primera pasa por mantener el statu quo, con una fuerte fiscalización. La segunda apunta a realizar un sistema de transparencia total y crear una superintendencia.

La última trata de una suerte de clasificación de los centros de estudios, que se dividirán en universidades estatales y privadas sin fines de lucro y planteles privados con fines de lucro. Frente a los últimos tipos de establecimientos el ministerio estudia la posibilidad de emular el modelo que implementó el ex Presidente Lula da Silva durante su mandato: que los impuestos que paguen las casas de estudio puedan permitir al Estado una suerte de "canje", facultándolos para incorporar alumnos en forma gratuita y bajo sus criterios.

Sea cual sea la fórmula, los focus group realizados por el gobierno indicaban que la ciudadanía espera que use su perfil pragmático para negociar. También mostraban el rechazo a algunas de sus medidas, como crear salas de clases en forma paralela a los colegios tradicionales.

Las encuestas mostraron la evaluación de los apoderados frente a la crisis: no apoyan la ausencia de clases, pero sí las razones de la movilización. En el gobierno aún no tienen claro el desenlace del conflicto. En lo que sí todos concuerdan es que esta crisis será el gran test del ministro y su nuevo estilo.

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