Estudiantes: ¿Proponer o presionar?

por Rodrigo Troncoso, coordinador programa social de Libertad y Desarrollo
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A RAIZ de las recientes movilizaciones, el ministro de Educación entregó una propuesta a los dirigentes estudiantiles atendiendo sus principales inquietudes. El objetivo de este planteamiento es normalizar las clases y evitar que se produzcan las futuras protestas anunciadas.
Los dirigentes ven con orgullo cuando las autoridades se ven obligadas a ceder en diversos aspectos, presionadas por mantener el normal funcionamiento del país. Esto, sin embargo, constituye un serio peligro para el buen funcionamiento de la democracia y la paz social. Se intenta legitimar el uso de la violencia para que minorías logren objetivos particulares en desmedro de la mayoría de la población que quiere trabajar, estudiar, usar los espacios públicos y manifestar sus opiniones en paz.
Es improbable que las medidas que se implementen a raíz de estas movilizaciones se traduzcan en una mejor educación, más equidad o un mejor acceso. Es probable que se trate simplemente de más gasto para este sector en desmedro del resto, como, por ejemplo, el de la educación preescolar. Excepto, claro, aquellos aspectos de la propuesta que ya estaban en el debate, como los ajustes al sistema de créditos. Por cierto que las demandas de los estudiantes abordan temas distintos, o incluso apuntan en la dirección contraria a las recomendaciones de expertos, como las que se entregan en el informe sobre la educación superior en Chile elaborado por la Ocde y el Banco Mundial.
El lucro ha figurado como uno de los aspectos más llamativos de las movilizaciones. Se quiere dar una connotación negativa a algo que no la tiene. Ya sabemos que es justamente la búsqueda del lucro la que se termina traduciendo en mejores productos y servicios a menores precios para los usuarios. En el caso de las universidades, la ley establece que estas instituciones deben ser sin fines de lucro. Sin embargo, se critica la falta de transparencia en la administración de sus excedentes. La mejor forma de lograr transparencia es simplemente permitir que las universidades privadas repartan sus utilidades, si así lo prefieren.
Algunas de las universidades privadas que están siendo cuestionadas tienen un mejor desempeño que la mayoría de las universidades del Cruch, tanto en investigación como en la calidad de los alumnos que atraen, a pesar de que muchas veces cuentan con menores recursos por estudiante. A diferencia de aquellas fundaciones sin fines de lucro que se dedican a la caridad y se constituyen principalmente de trabajo voluntario, en el caso de las universidades, todos sus participantes tienen fines de lucro. Los profesores reciben sueldos competitivos, con importantes bonos de productividad, mientras que los estudiantes esperan mayores ingresos producto de sus estudios.
Pese a que se puede valorar la opinión de los estudiantes en materia educacional, es evidente que no les corresponde, por ahora, formular las políticas públicas de un país. La educación superior en Chile, lejos de estar en crisis, como les han hecho creer a los estudiantes, está atravesando por su mejor momento en la historia. Aunque existen aspectos que se pueden mejorar, nunca antes la cobertura o la calidad fueron tan buenas como lo son ahora.

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