¿De dónde viene el malestar?

La protesta de los estudiantes del jueves fue la mayor desde 1990 y se suma a la de HidroAysén y otras manifestaciones callejeras. Hasta ahora existen varias tesis sobre el origen del descontento, sin que el fenómeno haya sido analizado por estudios de opinión. En el establishment siguen algunas pistas, como la caída de toda la clase política, las nuevas demandas ciudadanas, la crisis de expectativas del gobierno de Piñera y el que la elite está siendo sometida a un mayor escrutinio público.

por L. C., P. C., C. F. y E. G.
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1. La rebelión contra el poder

El martes pasado, cuando los estudiantes anunciaban una masiva marcha entre Plaza Italia y La Moneda, la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) abordó las crecientes manifestaciones de descontento en las calles. Ese mismo día el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal trataba el fenómeno de los movimientos ciudadanos, cada vez más críticos a la elite.

Sobre la mesa de los líderes empresariales y la de los sacerdotes no sólo estaba una tesis que circula en el segundo piso de La Moneda y entre algunos académicos, como el investigador del CEP, Harald Beyer: el fenómeno del malestar trata de un proceso vinculado a la modernización de la sociedad chilena, donde aparecen más demandas y las instituciones, junto con haber quedado desfasadas para satisfacerlas, han perdido representatividad. Ya en 2010 algunos sondeos, como el Bicentenario, realizado por Adimark y la UC, mostró poco apoyo a la jerarquía: al gobierno, las empresas y la Iglesia Católica.

"A la elite se le perdió el susto. Ya no se les ve como todopoderosos y hoy todos los segmentos son sometidos al mismo escrutinio", señala el rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrés Benítez, quien cree que al menos dos signos de ese fenómeno se registraron este año. Cuando el empresario Eliodoro Matte aceptó el error de haber pedido una audiencia con el fiscal Sabas Chahuán en pleno caso Karadima -a quien defendía- y el pasado 21 de mayo, cuando las FF.AA. que desfilaban en Valparaíso fueron apedreadas por exaltados. En plenas protestas de HidroAysén, que para varios analistas marcaron un "antes y un después" en el fenómeno, Patagonia Sin Represas y la ambientalista Sara Larraín también apuntaron al grupo Matte.

Al igual que otros consultados, el sacerdote jesuita Fernando Montes estima que el que la elite se haya convertido en un flanco del malestar social apunta a los cambios culturales y la sensación de una distribución "injusta" del crecimiento económico. "Cuando hay un cambio como el que tenemos, las instituciones y las personas tradicionales se ponen en cuestión", dice Montes. Entre los papers que han llegado hasta el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal para debatir dos veces por mes los hechos de la coyuntura, figura otro argumento: "La experiencia de abuso institucional calza muy bien con el gran poderío que adquiere el mundo empresarial en el mundo actual. Ese abuso cotidiano está en la base de los movimientos".

No pocos sacerdotes creen que el caso Karadima golpeó con gran fuerza a la Iglesia, en la medida en que ya existía una pérdida de confianza en las autoridades y no sólo se trataba de abusos de un religioso: el proceso está vinculado a un cura poderoso y que involucra a la elite. En esa misma línea, algunos analistas plantean que el caso La Polar agudizará las críticas al establishment. "Esto no tiene una dimensión política, pero es una señal potente: ¡paremos el abuso! Crece la brecha entre la ciudadanía y clase dirigente, entendida no como sector político, sino como la elite en su totalidad", dice Beyer.

Las movilizaciones y sus causas mantienen en alerta a la CPC. Algunos de sus máximos dirigentes creen que aún no es posible dimensionar la magnitud del fenómeno ni el rumbo u orientación que tomarán.

2. Desgaste de la política

Junto al think tank ProyecAmerica, que dirige Enrique Correa, el ex ministro Ricardo Solari prepara un documento de análisis sobre el descontento social en Chile. La idea es proporcionar insumos a la Concertación, que hasta ahora no ha capitalizado las movilizaciones, e intentar separar las demandas históricas de la disconformidad con el establishment. "Hay una desligitimidad política que no había antes. Existe una desaprobación inédita de las instituciones", señala Solari.

Ya en octubre de 2010 una encuesta de los centros de estudios CEP, Cieplan, Libertad y Desarrollo y ProyectAmerica establecía que el 78% de los consultados creía que los partidos no tenían ninguna "virtud". La encuesta Adimark de mayo de este año también mostró altos niveles de rechazo a la actividad política, y a todo nivel: gobierno (56%); Coalición por el Cambio (57%) y Concertación (65%). El Senado y la Cámara también tuvieron niveles de desaprobación por sobre el 55%.

El economista y profesor de la Universidad de Yale, Eduardo Engel, estima que "a medida que Chile se fue desarrollando, la ciudadanía se volvió cada vez más exigente con sus representantes y el sistema político no fue capaz de desarrollarse junto al país". La dicotomonía entre las altas demandas sociales y la oferta que entrega la clase política se repite como argumento entre académicos, como Harald Beyer, y en la CPC. En varias de sus ramas empresariales -la Sofofa, la SNA y la Cámara Chilena de la Construcción- existe inquietud tanto por la falta de sintonía entre los políticos y la ciudadanía como por el ambiente de crispación: algunos creen que el fenómeno puede crecer de la mano de más descontento, pese a los actuales índices de crecimiento, empleo e inversión.

El desprestigio de la clase política es para el presidente de la Sofofa, Andrés Concha, una de las razones por las cuales crecen las protestas. Concha plantea que existe una suerte de malestar "acumulado" desde antes del terremoto, en febrero de 2010.

"Cuando se eligió a este gobierno, se dijo que iba a haber mayor número de movilizaciones, pero creo que el terremoto impuso una tregua", dice Concha. El mismo argumento entregaban en el segundo piso de La Moneda en plena crisis por HidroAysén.

El Presidente Piñera abordó la semana pasada la dicotomía entre la política y la ciudadanía. Dijo que había una brecha entre "la temperatura y el termómetro" y que observaba a sectores de la ciudadanía muy intolerantes: habló de relajo en el respeto a las autoridades, las instituciones y recordó la agresión al ministro Joaquín Lavín por parte de un grupo estudiantil, señalando que había crecido la proporción de quienes querían hacer justicia por sus propias manos.

3. Sociedad empoderada

Entre los empresarios, la Iglesia, la clase política y los analistas de todos los sectores consultados existe una coincidencia: las demandas que ejerce hoy la ciudadanía están lejos de ser las mismas de hace dos o tres décadas. "Es una sociedad con mejores niveles de escolaridad, mejores ingresos y mayor autonomía. Tiene una agenda más diversificada", dice el socialista Ricardo Solari.

También lo piensa así el presidente Sebastián Piñera, quien planteó la semana pasada que la sociedad chilena discute hoy sobre temas más complejos. "Cuando uno resuelve un problema, deja un espacio para que surjan unos nuevos".

Los reclamos de la ciudadanía se extienden a todo nivel. Según una encuesta del Consejo Nacional de Televisión realizada en 2008, un 72% de los consultados consideró que el tiempo que los noticiarios le dedicaban a la cobertura política era "demasiado". En contraposición, los reclamos apuntaban a mayor exposición de denuncias ciudadanas, medioambiente o asuntos comunitarios o locales.

"Los liderazgos políticos tienen que responder a una demanda muy heterogénea. El desfase es lo que produce la tensión", señala Harald Beyer.

El análisis es transversal y en la Iglesia, a través de sus estudios sociales, también consideran éste como uno de los puntos clave. "Hoy la gente tiene más cultura, más posibilidades de reclamar, porque no está tan marginada. Los pobres hoy son menos pobres que antes, pero hay más desigualdad. En una sociedad la pobreza se soporta, (pero) la desigualdad es explosiva", señala el sacerdote Fernando Montes.

Un factor que ha sido analizado por ministros de La Moneda es la naturaleza de las protestas y el perfil de los descontentos. A diferencia de los años 60, dice un secretario de Estado, los movimientos son autónomos y fragmentados. Vale decir, las marchas de HidroAysén son constituidas por grupos muy distintos a la de los estudiantes, pese a que ambas convocaron a miles de personas. "La gente va a estar más en la calle, eso es inevitable", es una de las frases que se repite hoy en Palacio.

"La mayoría de las causas que impulsan las actuales movilizaciones son "2.0". No son la de los agricultores, que es el mismo proteccionismo de ayer. Sí son la de las identidades, ya sean feministas, de minorías sexuales, indígenas y otras, que levantan la diversidad como base de la igualdad de trato. O la de los estudiantes, que no reclaman como ayer que la vida está en otra parte, sino que la vida nos está maltratando aquí y a la enorme mayoría. Se trata de una demanda de masas, no de elites utópicas", plantea el sociólogo Javier Martínez.

4. Crisis de expectativas

Luego de recibir las conclusiones de varios focus group encargados, en La Moneda preocupan las percepciones del crecimiento económico. Porque la frase "es sólo para los ricos" se repite una y otra vez.

A la luz de los sondeos, pareciera haberse instalado en la opinión pública la percepción de que el gobierno defiende y ampara a los privados en situaciones discutibles, como es el caso HidroAysén. Los estudios también han detectado una crisis de expectativas ciudadanas frente al gobierno.

En las discusiones internas del Ejecutivo coinciden en que Piñera no fue elegido por su simpatía ni por la confianza que depositaron en él, sino por su perfil de gestor. Ahora, sin embargo, según los cálculos del Ejecutivo, el electorado desencantado de la Concertación que votó por Piñera le ha quitado su apoyo al gobierno, al no advertir cambios rápidos en la situación económica y constatar que la "nueva forma de gobernar" no ha cumplido las promesas que comportó. Los desencantados, sin embargo, no volvieron a la Concertación y esta circunstancia es lo que está explicando el descontento social que hoy observan en La Moneda y que se resume en una actitud de rechazo de corte nihilista que describe una crisis de representatividad: "Como nadie me representa, que se vayan todos".

El rescate minero había elevado las expectativas frente al gobierno, que en las encuestas internas marcaba un 70% de adhesión: el Ejecutivo se mostraba en terreno para hacerse cargo de los coletazos del terremoto, surgían rostros nuevos, los atributos de Piñera estaban al alza y parecía que el gobierno podía resolver todos los problemas con sentido de audacia y rapidez. Pero al chilean way y a la sobrexposición del Presidente, siguió el conflicto por la salida de Marcelo Bielsa de la Selección.

La situación empeoró en los meses siguientes con episodios de movilizaciones estudiantiles, protestas de trabajadores de la CUT y de contratistas de Codelco y con el rechazo ya más transversal a HidroAysén.

En los focus group encargados por el gobierno se ha instalado la idea de la complicidad de la actual administración con los intereses del sector privado. Esa imagen es vista con preocupación, en la medida de que coincide con el aumento de las críticas de la opinión pública a la elite. La condición de empresario que tiene el Jefe de Estado ya no es percibida como un plus, como ocurrió durante la campaña. "Es curioso cómo los conflictos de interés le han pasado la cuenta a este gobierno, una y otra vez, siempre de manera imprevista, pero al final la lección está clara. Primero fue el caso Bielsa. El gobierno tenía la aprobación por las nubes luego del rescate de los mineros, que se esfumó en cuestión de días cuando la ciudadanía asoció con el Presidente Piñera la salida de Bielsa, patrocinada por los equipos grandes y por ser uno de los principales accionistas de Colo Colo. Y así fue como Piñera perdió la oportunidad de gastar su capital político en algo sustancial, que perdurara en el tiempo", señala Eduardo Engel.

En varios centros de estudios se atribuye la desafección con el gobierno al descenso del rating presidencial en los atributos de credibilidad y confianza. Estas variables, dicen, son especialmente relevantes en períodos de malestar social.

Otra explicación para la caída de la aprobación al Presidente Piñera fue deslizada hace unos días por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, y apunta a que la centroizquierda sigue siendo una suerte de mayoría sociológica en el país. Para ese sector, la llegada de la derecha al poder tiene mucho de traumático. La tesis también interpreta a algunos personeros de La Moneda.

Días antes, el presidente de Adimark, Roberto Méndez, ya había dicho que "a una parte importante de los chilenos les irrita que la derecha esté gobernando". Esta línea de análisis, sin embargo, no genera gran consenso entre los analistas. Aceptarla equivaldría a suponer que existe un veto ciudadano irremovible, cosa que no está probada y que no se compadece con el carácter más bien apolítico y transversal de muchas de las últimas movilizaciones.

5. Inflación de los pobres

En mayo, en plena crisis por las marchas de HidroAysén, Roberto Méndez realizó una exposición sobre la situación del gobierno de Piñera ante un grupo de ejecutivos vinculados al marketing y personeros del segundo piso de La Moneda. En esa oportunidad, tal como lo hizo públicamente días después, el presidente de la empresa encuestadora respondió por qué los niveles de aprobación del Mandatario eran comparables a los peores momentos de Bachelet por el Transantiago en 2007 (35%): le achacó el problema a la inflación.

Méndez ha sostenido que el alza de precios de la canasta básica de productos ha afectado a los sectores de menores ingresos, en los que la aprobación presidencial ha registrado una caída en los últimos tres meses (14 puntos porcentuales en el sector C3 y 5 puntos en los grupos D y E).

En La Moneda señalan que el descontento frente a las promesas incumplidas del gobierno se transforman en un caldo de cultivo cuando las familias de sectores vulnerables tienen presupuestos más ajustados.

El IPC de los alimentos alcanzó un 7% (concentra un 16,5% del total de la inflación), mientras que el de servicios de transporte fue de 17,8% (impacta en 5,6%). El IPC en electricidad, gas y combustible arrojó un 9,6%.

Uno de los productos que han tenido mayores alzas en los últimos meses han sido el pan y el pasaje del Transantiago.

El Indice de Percepción de la Economía de marzo de 2011, publicado por Adimark, arrojó los sectores C3, D y E son los que en mayor medida consideran que durante el próximo año los precios seguirán en alza.

"Esta gente no está recibiendo los beneficios del mayor empleo o el mayor crecimiento económico", señala Andrés Benítez.

En Caritas Chile, que suministra a la Conferencia Episcopal información periódica relativa a temas sociales, también han incluido esta idea.

"No es un efecto ideológico y se siente a diario. No sólo tiene que ver con lo más primario, sino con una insatisfacción por las oportunidades de vida", dice Lorenzo Figueroa, el director de Caritas.

6. Irrupción de redes sociales

A inicios de semana, ante unos 50 estudiantes de Derecho de la universidad Adolfo Ibáñez, el ex presidente Ricardo Lagos habló de un cambio definitivo en la política a partir del uso de las nuevas tecnologías. "Usted dice su brillante idea y al minuto tienes un twitter que a uno lo pone en su lugar. ¡Usted qué se cree! ¡Por qué no lo hizo cuando fue Presidente!".

Lagos dijo tener más interrogantes que certezas sobre el impacto político que tendrá la red en el futuro, agregando que en la última elección en EEUU el 60% de los electores menores de 35 años se informó de lo que ocurría por ese medio. "La realidad política cambió y es difícil saber lo que va a pasar", añadió el ex gobernante, para luego abordar el caso de Silvio Berlusconi, quien, según recordó, ha tenido fuertes derrotas de mano de los medios digitales.

Twitter y facebook se han convertido en vehículos que facilitan la circulación del descontento, como ocurrió con las protestas de HidroAysén, que se tomaron por asalto la agenda. Mirando en perspectiva, en La Moneda estiman que la clase política había llegado tarde al debate medioambiental, que estuvo marcada por los eslóganes de la campaña de Patagonia Sin Represas. La discusión se polarizó entre "jóvenes idealistas" y "empresarios indolentes", y la central sirvió como catalizador de otros problemas, creen en el gobierno. No sólo eso. La red expandió rápidamente los factores más emocionales que racionales que estaban en juego en el debate y su uso permitió, de alguna manera, "empoderar" a quienes participaron en las marchas. A esa altura ya se había planteado una suerte de escrutinio permanente en la red: ocurrió con el twitter de la ex titular de Junji, Ximena Ossandón. Escribió que su sueldo era "reguleque" y a las pocas horas debió abandonar el cargo.

En abril, La Moneda había contratado a la empresa Brandmetric para realizar un sistema de monitoreo permanente de los medios digitales, con actualización de cada 15 minutos. El sistema permite identificar comentarios del gobierno y los ministros, además de detectar climas de opinión pública.

Andrés Benítez cree que el fenómeno de la red es importante, pero que aún pertenece a la elite. Y que los métodos tradicionales de realizar movilizaciones son todavía los más influyentes. "Sin perjuicio de ello, las redes son formas eficaces de comunicarse. Por ejemplo, denunciaron el aterrizaje del Presidente Piñera en la carretera". Una visión similar al académico tiene el sacerdote Fernando Montes, para quien la relevancia de los medios digitales apunta a socializar los problemas rápidamente, aunque, a su juicio, "el malestar es más profundo". "Las redes sociales son elitistas y mayoritariamente juveniles. Se magnifican las cosas y a veces no hay claridad en los objetivos".

No obstante, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal ha evaluado en detalle el uso de las nuevas tecnologías: algunos sacerdotes creen que democratizan los liderazgos y ese factor hace que se vuelvan innecesarios los llamados "conductores jerárquicos" para realizar protestas. En buena parte de la Iglesia y también entre algunos académicos estiman que las redes no sólo son eficientes en la convocatoria a protestas, sino que también calzan muy bien con el malestar existente con la elite y con la demanda por lazos más igualitarios y de horizontalidad.

El sociólogo y ex asesor del segundo piso de Lagos, Javier Martínez, emula el impacto que han provocado las redes en Chile con otras convocatorias, como las realizadas en España por el grupo de los "indignados".

"En las movilizaciones, la red ha sido decisiva: tienen una potencia para convocar a la acción, a la presencia en manifestaciones. Este es un factor común a las movilizaciones del norte de Africa, de España, de Chile. En la conformación de alternativas viables, (la red) tiene casi nulo impacto: no permite una auténtica deliberación, una contra-disciplina alternativa a la del orden establecido. No hay que mitificar las tecnologías de información", dice Martínez.

Entre los analistas creen que la comparación con España sólo tiene un punto en común con las de Chile, al menos en el caso de HidroAysén: reflejan un malestar con el establishment. En varios centros de estudios enfatizan, sin embargo, que la situación de Santiago y Madrid es muy distinta: España atraviesa una crisis económica y alto desempleo.

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