El origen de X-Men: los héroes más atípicos de Marvel

X-Men: primera generación, la última parte de la saga, fue la película más vista el fin de semana en EE.UU., con excelentes críticas.

por Rafael Valle
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A Stan Lee, creador de la mayoría de los superhéroes de Marvel Comics, sus jefes le pedían más y más personajes a comienzos de los años 60. "Mi jefe solicitó que inventara otra idea para superhéroes, pero tenía que ser refrescante, diferente y única. ¡Menos mal que no pidió nada difícil!", dijo en algún momento el verborreico Lee. Y es que, claro, temía repetirse, pues casi todos sus personajes obtenían poderes por algún accidente radiactivo. Las series más exitosas eran Los cuatro fantásticos y Spider-Man, que estaban dando vuelta el género. Entre superpeleas y viajes cósmicos, estos tipos lucían barba de tres días, hablaban jerga callejera, tenían conflictos internos y vivían en lugares reales como Nueva York.

Lee, editor y guionista de la editorial, buscó la vuelta de tuerca. Pensó en la Era Atómica y en cómo podía afectar a los humanos, provocando cambios y seres nacidos con habilidades especiales. Pensó en mutantes. "¿Qué diablos es un mutante? Los lectores no van a entender", fue lo que bramó el jefe de Lee.

En 1963 llegó The X-Men, con los dibujos de Jack Kirby, socio creativo de Stan Lee en esos días. Y los Hombres X siguen aquí, sin envejecer: la recién estrenada X-Men: primera generación refresca la franquicia más rentable de la compañía, que ahora produce sus filmes. La película fue la más vista el fin de semana en EE.UU., con 56 millones de dólares en recaudación, y la segunda más taquillera en el mismo período en Chile. Además, de las cuatro partes en el cine, es la que ha tenido las mejores críticas. Para The Wall Street Journal, la cinta tiene "un elenco brillante y le da nueva energía a la saga, situando la acción a comienzos de los años 60".

Un grupo curioso

El cómic original presentaba al Profesor X en silla de ruedas y con poderes mentales. El era un mutante que entrenaba a jóvenes con genes alterados con el fin de que usaran sus habilidades para el bien. El prodigioso dibujante Jack Kirby dio con el look de un grupo curioso, con Cíclope, lanzador de un láser por sus ojos; Iceman, el hombre de hielo; Bestia, acróbata peludo y simiesco; Angel, con sus alas de pájaro, y Marvel Girl, chica telépata y depresiva.

Para hacer el bien, los X-Men lo pasaban mal. Los mutantes eran marginados, perseguidos por los humanos. Vivían escondidos, para no ser señalados como bichos raros. Ser superhéroe era una tarea difícil y ser distinto, un estigma. Stan Lee les tomaba el pulso a los tiempos: la serie hablaba de segregación y discriminación, en pleno auge del movimiento por los derechos civiles y de la revolución sexual. En una era agitada, los discípulos del Profesor X lidiaban también contra los mutantes liderados por el villano Magneto.

A pesar de la novedad de la propuesta, los primeros X-Men no funcionaron. La serie vendió poco y languideció, hasta cerrar a fines de los 60. Lee y Kirby habían dejado temprano la revista, y a esas alturas estaban más preocupados de pelearse entre sí que de la cancelada pandilla X.

Regreso con garra

En 1975 los X-Men salen del baúl, se desempolvan. Cíclope es el único del grupo original y líder de uno nuevo, con gente de varios países. Estaban, entre otros, Tormenta, reina africana capaz de invocar rayos y truenos; Nightcrawler, un alemán religioso con apariencia de demonio, y la futura estrella: Wolverine, el rudo canadiense con garras de afilado metal, que antes debutara como secundario en las páginas de El increíble Hulk.

Wolverine aportó otra tensión a la serie. Era el discípulo desbocado y brutal. Incluso sanguinario. La saga aumenta su elenco de la mano de Chris Claremont, escritor, y John Byrne, en los dibujos, como un culebrón cósmico. Hay un triángulo amoroso, viajes del futuro al pasado para reescribir la historia, alusiones a la caza de brujas (cuando un senador propone el registro de actividades mutantes) y una heroína convertida en diosa celestial y exterminadora de mundos. Todo es más extraño que nunca.

El grupo de prodigios se convierte en fenómeno en los 90. Ocho millones de copias llega a vender un ejemplar del cómic, récord no superado. Son los años de los héroes ultraviolentos y de historietas influidas por el manga japonés. Hollywood olfateó que ahí había algo y vino la película X-Men (2000) que, de paso, salvó a Marvel de la bancarrota. A partir de aquella, el guionista escocés Grant Morrison exploraría los vértices más extraños de la serie, con villanas aterradoras, escolares mutantes monstruosos y atmósferas erotizadas.

Ahora, en la precuela X-Men: primera generación, el Profesor X rejuvenece para contar cómo se inició su conflicto con Magneto. En los convulsos años 60, donde todo comenzó, la saga vuelve a partir. Y mutar es de nuevo la consigna.

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