Científicos explican que, por ahora, no hay riesgo de flujos de lava desde el macizo

El evento ocurre en una zona propensa a erupciones, por lo que el fenómeno no sería extraordinario.

por Jennifer Abate
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Varias son las interrogantes que rodean al fenómeno eruptivo en el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle, que ha producido columnas de humo que se levantan hasta 10 kilómetros en el cielo.

Sin embargo, científicos chilenos que han estudiado las características geológicas del macizo ya adelantan sus explicaciones sobre lo que ocurre al sur del país.

Alfredo Lahsen, experto en vulcanología del Departamento de Geología de la U. de Chile, asegura que este complejo volcánico corresponde a un sistema fisural, lo que significa que está en una grieta de la corteza, sobre la que ha habido movimiento volcánico durante un larguísimo tiempo. Por eso, no hay nada raro en lo que está ocurriendo, señala Lahsen, puesto que "un cordón fisural es una zona de debilidad, a través de la que puede canalizarse el magma hacia la superficie, o sea, potencialmente, siempre puede tener actividad".

Una muestra de esto son las más recordadas emisiones del último siglo en el lugar: la de 1922 y la de 1960, esta última, tras el terre-moto de magnitud 9,5 en Valdivia.

La zona donde se está produciendo la erupción es de composición félsica, explica Lahsen, la que está asociada a manifestaciones eruptivas muy violentas, en las cuales se expulsan grandes cantidades de gas volcánico.

Mantener la calma

Una de las grandes inquietudes en este caso han sido los posibles efectos que el material erupcionado podría ocasionar a las personas y a los animales, pero los científicos han sido enfáticos en señalar que las emisiones no son tóxicas.

Lahsen ejemplifica: "Las cenizas tienen mucho sílice que, dicho de otra forma, es piedra pómez, un material completamente inerte, que no reviste riesgos".

A juicio de Gabriel Vargas, académico del Departamento de Geología de la U. de Chile, esto puede ocurrir por un aumento sorpresivo de la tasa de emisión de gases -que el jefe de la red nacional de vigilancia volcánica del Sernageomin, Jorge Muñoz, ya califica como "alta"- o por un derrumbe en el cráter.

Si esto ocurre, podrían empezar a surgir flujos piroclásticos, que Vargas describe como una "nube ardiente que puede viajar a 100 kilómetros por hora y alcanzar una temperatura de 600 grados Celsius que, deslizándose a través de las laderas del cráter, podría fácilmente alcanzar los poblados cercanos".

A pesar de las precauciones, el profesional asegura que, hasta el momento, ninguna evidencia señala que pueda ocurrir algo por el estilo.

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