Roberto Méndez: "A una parte importante de los chilenos le irrita que la derecha esté gobernando"

Tras presentar el jueves la encuesta más compleja para Piñera, el analista y presidente de Adimark advierte que existe una "especie de intolerancia frente al gobierno".

por Lorena Ferraro
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Con rumbo a Estambul partió la tarde del viernes el analista Roberto Méndez. Reuniones de trabajo y algunos días de descanso junto a su familia le deparan al director de Adimark, luego de presentar esta semana la encuesta más dura que le ha tocado enfrentar al gobierno de Sebastián Piñera.

Horas antes de partir, sin embargo, Méndez se dio tiempo para analizar el complejo escenario que a contar de ahora se abre para el oficialismo, sobre todo luego de la nueva crisis desatada entre La Moneda y sus partidos.

¿A qué atribuye el fuerte rechazo y la baja aprobación al gobierno que reveló Adimark?

Es una situación nueva. Ha pasado pocas veces que el Presidente esté bajo el 40 por ciento. Hay sólo dos antecedentes. Michelle Bachelet en el momento más álgido del Transantiago y Eduardo Frei durante la crisis asiática. Lo nuevo es que no hay una crisis identificable como causa del malestar. Hubo un movimiento social intenso en mayo, y hay un cierto malestar con un problema económico; la inflación que afecta a los sectores más pobres.

Creo, además, que a una parte importante de los chilenos le irrita que la derecha esté gobernando, y eso de alguna manera crea tensión. Me llama la atención, por ejemplo, que los gobiernos de la Concertación usaron siempre bombas lacrimógenas, y si las usa este gobierno es inaceptable. La ex Presidenta Bachelet aprobada cientos de centrales hidroeléctricas y termoeléctricas, pero hoy día es inaceptable. Entonces hay una especie de intolerancia a este gobierno. Por último, algo no está funcionando en el diseño político del gobierno, sino no se entenderían los conflictos con la oposición, con el Parlamento y con su coalición. Y últimamente da la impresión de que en el propio gabinete las comunicaciones no están bien.

La UDI ha planteado que "ese algo" que usted señala es la conducción política, que ejerce el comité político.

No me corresponde empezar a buscar culpables. Lo que puedo concluir es que el diseño político no está funcionando y que en parte es por un tema de coordinación y de vocerías. Le doy mucha importancia a las vocerías, que es finalmente la forma en que el gobierno se relaciona, y ahí hay una debilidad.

¿Cuál es la deficiencia de Piñera en su relación con la oposición, la Alianza y su gabinete?

El esquema de las llamadas reuniones bilaterales, en que hay una supervisión detallada y frecuente del Presidente, que se mete profundamente en la gestión de cada ministerio, no está funcionando bien. Limita la autonomía de los ministros e involucra excesivamente al Presidente en los detalles de la gestión. Me imagino más efectivo a un Presidente fijando grandes líneas y a los ministros con más autonomía.

¿Ayuda a la relación con la Alianza que el Presidente anuncie un proyecto para regular las uniones de hecho, cuando éste divide a la coalición?

Mirado en retrospectiva, eso fue un error. Aparte del proyecto, es una falta de consistencia con la propia agenda. Porque si el Presidente dos días antes de hacer esa declaración ha hecho un mensaje al país en el 21 de mayo, en el que el único tema que no toca es el de las uniones de hecho, que dos días después haga ese anuncio fue un boicot a su propio mensaje. Al final, dejó el mensaje obsoleto y la agenda fue ocupada por este otro tema. Es el tipo de errores políticos que no debieran ocurrir.

¿Cómo se puede mejorar la relación gobierno-oficialismo?

Ha habido un cierto deterioro. Me llama la atención que los diputados UDI tengan que mandarle una carta al gobierno. No es la forma normal de relacionarse. Habla de una relación que no está siendo fluida y que hay que mejorar. Eso significa incorporar más a los partidos en las decisiones políticas del gobierno y en las estrategias de comunicaciones. También hay que empoderar a los ministros con más experiencia política, como (Evelyn) Matthei y Andrés Allamand.

¿Qué tiene que hacer y dejar de hacer el Presidente para revertir su mala aprobación?

Cuando el Presidente entra mucho en los detalles del día a día, su imagen tiende a deteriorarse. Al Presidente le iría mejor en un rol más alejado de la coyuntura. Aunque tampoco hay que hacer una lectura catastrofista de esta encuesta. El mantiene los atributos que lo llevaron a La Moneda, como su energía y capacidad de solucionar problemas y la gente tiene fe todavía en su capacidad de solucionar los temas del país. En la medida que él viva y encarne ese rol del gran hacedor, el gran empujador, tiene una muy buena posibilidad. La cosa simpática, afectiva, más maternal de la ex Presidenta Bachelet no está en sus fortalezas.

Da la sensación de que en el rechazo al gobierno se esconde una cierta animadversión hacia la figura de Piñera.

Aun cuando la gente no lo encuentre simpático, votó por él y probablemente lo volvería a hacer si tuviera la oportunidad, por esos otros atributos. Para ser un buen Presidente no hay que ser necesariamente simpático, ni siquiera hay que ser querido. Hay que ser respetado y tener la confianza de las personas.

¿Y por qué el rechazo lo concentra el Presidente y no sus ministros?

La fuerte presencia de Piñera provoca que todos los costos mediáticos de las crisis se las lleva el él. Este es un partido en que los puñetes y patadas se las lleva el Presidente y no el gabinete, que está con niveles de aprobación del 70%, entonces es como un modelo perverso. Históricamente los gabinetes han sido escudos protectores que blindan al Presidente; se llevan los costos, y le paran el carro a quien falta el respeto.

¿Le costó la instalación al gobierno?

Creo que ha habido una demora en instalar esta nueva forma de gobernar. Han pasado cuatro meses desde el ajuste ministerial y ya se está hablando de un nuevo ajuste, eso nos habla de que la instalación todavía no termina y que para un gobierno de cuatro años ese es un período demasiado largo.

¿Cree que éste pueda ser un paréntesis de la derecha en La Moneda?

La idea de que la Concertación, por sus resultados en la encuesta, tenga asegurado recuperar el poder, no está claro. Sus niveles de rechazo son más altos que los del gobierno. La gran fortaleza del gobierno es que tiene un gabinete fuerte. Hay 13 ministros con más del 60% de aprobación y varios con más de 70%. Laurence Golborne tiene un 77%, es decir, ahí está la base donde se puede construir la recuperación que pretende el gobierno.

¿Que Golborne no haya caído dramáticamente en el sondeo pese a HidroAysén, demuestra que su popularidad tiene un sustento sólido?

Las cifras de Golborne demuestran que tiene un capital político. Haber bajado, pero tener un 77% de aprobación en el contexto de HidroAysén es un resultado sumamente impresionante. Golborne, al igual que Joaquín Lavín, sigue teniendo un capital político fuerte.

Hinzpeter también bajó ocho puntos. ¿Cuánto incluye en eso su manejo político, que algunos critican?

Hinzpeter fue afectado en mayo porque el clima de desorden afectó esa visión de éxito que estaba teniendo en materia de delincuencia. Pero creo que la apuesta del ministro Hinzpeter en delincuencia es correcta. Probablemente él tenga un tema pendiente, más grave, que es la jefatura política del gabinete, y ahí cuesta honestamente darse cuenta desde afuera si es una debilidad de él o no ha sido suficientemente empoderado por su jefe en ese rol.

"Decir no tenemos más alternativa que Bachelet o Lagos Escobar es una confesión de fracaso"

La Concertación no ha capitalizado el descontento al gobierno. ¿Cómo se explica?

Las cifras de la Concertación son muy dramáticas. Hablan de una falta de sintonía con la opinión pública, e incluso un cierto nivel de rabia. Tengo la impresión de que parte de la opinión pública está enojada con la Concertación. Lo llamativo de esta encuesta es Concertación ya no es lo mismo que oposición. La oposición es ahora otro referente, que todavía es vago, no tiene líderes, no tiene rostro, nombre, pero se ha conformado en una realidad distinta. Me llama la atención en la Concertación esta verdadera confesión de fracaso que significa tratar de revivir sus figuras del pasado. Decir no tenemos más alternativa que Michelle Bachelet o Ricardo Lagos Escobar es una confesión de fracaso. Es muy posible que la marca Concertación esté agotada. Lo que ya significó no puede ser revivido y probablemente haya que pensar en otro referente.

Da la impresión de que el descontento podría ser una oportunidad para Enríquez-Ominami

Marco Enríquez-Ominami debiera haber sido el gran rostro, líder, de este malestar que surgió en estos últimos meses, porque él representó eso en la elección presidencial pasada. Pero por razones que no entiendo bien no cumplió ese rol, se quedó abajo. Está armando un referente que no logró encarnar eso. Creo que ya pasó su oportunidad.

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