¿Pueden hombres y mujeres ser sólo amigos?

Ahora sí. Porque hasta hace no tanto siempre se dijo que era imposible, hoy quedan pocas dudas. La equidad de género y la participación de la mujer en diversos ámbitos de la sociedad hacen que ambos compartan espacios más allá de la esfera romántica.

por Ricardo Acevedo Zalaquett
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Se conocieron a principios de la década del 90, cuando todavía estaban en básica. Ella era una Alita, mientras que él, Lobato, en el mismo grupo de scouts. Desde entonces, los caminos de Felipe Castro (29, ingeniero comercial) y Daniela Soto (28, abogada) se entrecruzaron de manera indisoluble. Pero esta historia, a diferencia de aquellas a las que nos tiene acostumbrados el cine y la televisión, no tiene nada de romance, de seducción, ni tampoco de coqueteo o insinuación alguna, pero sí mucho de complicidad, intimidad, cercanía y confianza a toda prueba.

Felipe y Daniela son simplemente amigos. Nunca han pasado de ese estatus y nunca han pretendido que la relación vaya más allá. Así, como amigos, les ha tocado conocer y aprobar a las pololas y pololos respectivos; así han debido enfrentar los ocasionales celos de alguna pareja que no "miró con buenos ojos la amistad"; y así también se han contado todos los secretos, han compartido las buenas y malas noticias, los éxitos y los fracasos. Amistad pura hay que decir, sin temor a equivocarse.

El estrecho lazo de estos jóvenes grafica una tendencia que cobra cada vez más fuerza en nuestra sociedad, sobre todo en la medida en que la igualdad de género y la homogenización de roles tradicionalmente asignados al hombre y la mujer se vuelve más y más común. Así lo han demostrado las crecientes cifras que muestran el aumento de la participación femenina en la última década. Hoy, hombres y mujeres comparten el mismo espacio en el trabajo, trabajan codo a codo, ocupan posiciones similares en la sociedad y llegan a tener los mismos intereses y hobbies.

¿En qué se traducen esos cambios? Un estudio realizado por el académico de la Universidad de Cincinnati Donald O'Meara muestra que están impactando positivamente en la amistad entre los géneros. El especialista, quien decidió estudiar la amistad entre sexos debido a que su "mejor amigo" es unamujer, comparó el número de amigos del sexo opuesto que declaraban tener las personas en las últimas tres décadas: si en los años 70 una persona común declaraba no tener amigos del sexo opuesto, en los 80 esa cifra se había elevado a 2,7 amigos, y, al milenio, ya se hablaba de un promedio de 3,5 amigos.

Harry y Sally son amigos

Se trata de un verdadero cambio cultural en la forma en que se relacionan hombres y mujeres, uno que está modificando la convicción que, por generaciones, señalaba que la amistad entre ambos era imposible, debido a que siempre existe una "tensión sexual" que interfiere, que hace ruido y que imposibilita la relación. Hablamos de un estereotipo que se vio reforzado, durante décadas, por el cine y la televisión a través de películas como Cuando Harry conoció a Sally. Quién no recuerda esa escena cuando Billy Cristal le dice a Meg Ryan: "¿Te das cuenta que nunca podremos ser amigos? Lo digo porque, simplemente, un hombre y una mujer no pueden serlo, el sexo siempre interfiere".

El filme es considerado un ícono, incluso por los especialistas que estudian la amistad masculina y femenina, pero lo cierto es que el mito en torno a la hipótesis de que no existe amistad entre hombres y mujeres decae y pierde cada vez más fuerza, en la medida que las nuevas generaciones llegan a la adultez. Son estas generaciones las que han tenido la oportunidad de compartir con el otro sexo desde que son niños, experiencia que en tiempos de sus abuelos era menos frecuente. En el libro Women and Men as Friends: A Relationship Across the Life Span in the 21 Centruy, el autor Michael Monsour explica que este es uno de los factores que posibilita la amistad entre un hombre y una mujer. Sí, es cierto que es una tendencia natural en la infancia que los niños se relacionen más con otros de su mismo sexo, pero el hecho de que el sistema educacional tradicionalmente separaba a niños de niñas, implicaba que no tenían mayor contacto hasta llegar a la pubertad y adolescencia, vale decir, cuando "las hormonas" gatillaban el interés en el sexo opuesto. En otras palabras, afirma Monsour, hombres y mujeres no alcanzaban a conocerse como iguales. Y ese es el punto, afirma: tener amigos del sexo opuesto en la infancia es lo que de algún modo "entrena" a las personas para tener una amistad "sincera" con el otro género en la adultez.

Fue precisamente lo que ocurrió con Daniela y Felipe. Tenían siete y nueve años, respectivamente, cuando se conocieron, de manera que, según relatan, jamás sintieron ningún tipo de "tensión sexual" en su relación. Todo lo contrario. "No falta el que tira la talla, pero jamás hubo ningún rollo" dice Daniela. Felipe agrega que el hecho de ser ambos fanáticos del basquetbol, "fue también un factor común que nos unió como amigos", explica.

Equidad de género

Casos como el de Felipe y Daniela son cada vez más comunes, en la medida que el trabajo y los intereses sociales de hombres y mujeres se entremezclan. Así lo demuestran las cifras. Un estudio del Centro de Microdatos de la U. de Chile, realizado el año pasado para Comunidad Mujer, por ejemplo, mostró que la participación laboral femenina llega al 60,6%, en tanto que la masculina está en 83,4%. Esto representa una importante disminución de la brecha: si en 2006 la diferencia era de 30,1%, ahora la cifra es de 22,8%, en tanto que en 1992 era de 42,2%. En otras palabras, en dos décadas la distancia entre hombres y mujeres respecto del trabajo se redujo a casi la mitad.

Igual cosa ha ocurrido en otros sectores, como la participación en cargos políticos, que ha aumentado de 12% en 1995 a 22% en 2009, según el último Informe de Desarrollo Humano del Pnud. El mismo informe muestra que en directorios, gerencias y otras áreas del sector económico, las mujeres han aumentado de 3% a 5% , en tanto que en el mundo académico y cultural, de 13% a 22% en el mismo período.

Es decir, es en este escenario que hombres y mujeres se ven ahora como "iguales" y es así que la amistad "sin ventajas" se instala también como una forma válida de relacionarse. Pese a ello persisten algunas diferencias en la forma en que se llega a cultivar esta clase de amistad. En un estudio publicado en la revista Social and Personal Relationship, la sicóloga Linda Spadin determinó que lo que más atrae a los hombres a mantener una amistad con la mujer es la "emocionalidad" que pueden mostrarles a ellas, cosa que no pueden hacer con los amigos. Las mujeres, en tanto, encuentran en ellos un "hermano mayor" y el tener una mirada de primera mano al mundo de los hombres.

Eso fue lo que ocurrió con Lorena Astudillo (35) y su amigo del alma, Paulo Simon (36), ambos abogados que se conocieron hace 16 años, cuando estudiaban juntos en Antofagasta. Lorena, declarada feminista, dice que con su amigo aprendió que no todos los hombres son iguales: "Una aprende a ser mucho más tolerante con el género, porque eres testigo de los conflictos con sus parejas y sus problemas". Paulo, quien se reconoce machista, comenta que "aprendes a mirar con otros ojos a la mujer y, en términos de amistad, ellas son muy buenas consejeras y siempre apoyan. Eso no lo encuentras en un amigo".

Un cambio cultura

El sociólogo de la U. Andrés Bello, Luis Enríquez Riutor, opina que la amistad hombre mujer es una expresión más que demuestra la creciente "feminización que muestra nuestra sociedad". Es así que hoy en día, no es raro que surjan modas como los metrosexuales, que incorporan al hombre muchos de los cuidados de la belleza tradicionalmente asociados a la mujer o que hoy en día sea más aceptado para un hombre que para una mujer llorar en público, afirma el especialista. De hecho, un estudio de la U. Penn State, EE.UU., reveló que el llanto en público es evaluado de manera más positiva en hombres que en mujeres.

El sicólogo de la U. Mayor, Edmundo Campusano dice que todos estos son cambios de la era de la posmodernidad, en el cual los patrones que antes diferenciaban lo masculino de lo femenino son más difíciles de reconocer. El hecho de que hombres y mujeres posterguen el matrimonio y la paternidad, en muchos casos hasta los 40 años, también contribuye. En todo ese intertanto se dedican a estudiar, a viajar y, en ese contexto, queda tiempo suficiente para postergar el romance y cultivar una amistad.

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