Expectativa de vida en Chile crece 7 años en dos décadas y es 11 años superior al promedio mundial

En Sudamérica, sólo Bolivia supera a Chile en la cantidad de años ganados en el período, pasando de 60 a 68 años. En Chile, el salto fue de 72 a 79.

por Cecilia Yañéz
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No es lo mismo nacer en Afganistán, en Japón o en Chile. Factores económicos, sociales y, principalmente, educacionales determinan los años que puede llegar a vivir un recién nacido, según el país en que le correspondió nacer. Un menor que nace en Afganistán tiene una expectativa de vida que no supera los 50 años, si lo hace en Japón podría vivir hasta los 83 años y en Chile, hasta los 79.

Así lo revela la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe de "Estadísticas Sanitarias Mundiales 2011", que sitúa a nuestro país como el más longevo de la región y como el segundo que más años de vida les ha otorgado a sus habitantes en las últimas dos décadas: siete años. No es todo: según el informe, vivimos 11 años más que el promedio mundial (68 años).

Así, mientras en 1990, la esperanza de vida al nacer en Chile era de 72 años, en 2009 llegaba a 79. En el mismo período, Bolivia, que lidera el ranking con ocho años más de vida, pasó de 60 a 68 años.

Mayor desarrollo

Distintas razones explican el alza en las expectativas de vida en ambos países. Mientras en Bolivia está más marcada por los avances y mejorías sanitarias -proceso que Chile vivió hace 30 años-, en nuestro país se debe al aumento del ingreso, del nivel educacional y la incorporación de la mujer al trabajo, que aumentó el ingreso familiar.

En opinión del doctor Oscar Arteaga, director de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, históricamente, la población chilena ha tenido buenos indicadores de salud en comparación con el resto de los países de América Latina, incluso si se compara con naciones desarrolladas, como Estados Unidos. Parte de esta explicación está en nuestra historia: "Chile fue capaz de organizar sistemas de respuesta a problemas de salud, como el Seguro Obrero de 1924 y el Servicio Nacional de Salud de 1952, que fueron pioneros en la región", dice. Esto incluye la creación de políticas sanitarias, como programas de entrega de alimentos y la construcción de una red pública de salud, desde postas rurales hasta hospitales de alta complejidad, permitiendo cobertura en lugares alejados.

El aumento en los ingresos económicos, en el acceso a la educación y en la actividad laboral femenina son más recientes y explican el salto. De 7,128 dólares de PIB per cápita en 1990, pasamos a 14,780 en 2010. De 8,1 años de escolaridad a 9,7, y de 28% de mujeres trabajando, a un 44% en 20 años. No es todo. Arteaga recuerda que en Chile la pobreza se redujo desde más de un 40% de la población al inicio de los 90, a menos de un 20% actual. "En Perú y Bolivia también se han mejorado las condiciones sociales. En la década de los 80, las economías latinoamericanas experimentaron un decrecimiento, lo que se ha ido revirtiendo en las décadas siguientes", dice.

Similar apreciación tiene César Gattini, asesor de la Organización Panamericana de la Salud. En su opinión, Chile, Perú y Bolivia -los tres países sudamericanos donde las expectativas de vida crecieron más en la región en los últimos 20 años- mejoraron su nivel socioeconómico, bajaron su tasa de mortalidad infantil, de enfermedades transmisibles y su red de atención de salud.

La diferencia es que Chile ya había reducido considerablemente estos indicadores sanitarios antes de los 90, luciendo en ese tiempo mejores cifras que las que hoy exhibe Bolivia o Perú. Un ejemplo claro es la disminución de la mortalidad infantil: uno de los indicadores de mayor impacto en la expectativa de vida, según la OMS. Mientras en 1990, 22 de cada 1.000 niños chilenos morían en el parto o antes de los cinco años, en 2008 eran sólo nueve de cada 1.000. En Bolivia, en 1990 morían 122 niños de cada 1.000 y hoy son 54, mientras en Perú eran 81 hace 20 años y 24 hoy.

Por eso, Gattini afirma que en el caso particular de Chile, otros factores fueron cruciales, como la disminución de la tasa de fecundidad, de 2,4 a 1,8 en dos décadas, ya que permitió hacer más eficiente la economía familiar. A eso, el asesor de la OPS suma el ingreso de las chilenas al trabajo, una mejor alimentación y acceso a la educación y un Estado más preocupado de la protección social, incluso antes de que los niños nazcan.

Desafíos

Según el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía, al 2050, Chile tendrá una expectativa de vida de 82 años, dos más que sus vecinos.

Para conseguir una cifra como esta y mantener una situación privilegiada, el mayor desafío es reducir las desigualdades en los factores que determinan el nivel de salud, dice Arteaga. "Los indicadores nacionales esconden importantes desigualdades. Algunas zonas geográficas tienen diferencias de hasta 10 veces en mortalidad infantil. También hay brechas importantes entre hombres y mujeres en los niveles de ingresos y de educación", dice.

Para Gattini, la clave del desafío chileno es lograr un buen manejo y prevención de las enfermedades crónicas y el apego de esos pacientes a los tratamientos definidos. "Un diabético pobre y sin educación muere 15 años antes que uno con ingresos y educado, porque el último sí se cuida", explica. Por eso, recomienda realizar exámenes anuales obligatorios a los trabajadores, ya que con eso Chile podría aumentar en dos o tres años su actual expectativa de vida.

Macarena Rojas, subdirectora del Programa Adulto Mayor de la UC, dice que esta mayor expectativa de vida es positiva, pero obliga a generar "ciertas garantías mínimas de seguridad social y de salud para la población mayor, junto con oportunidades laborales, de emprendimiento, de educación y de acceso a otras actividades de participación.

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