El pez en el agua

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De vuelta al infierno

El ministro Felipe Bulnes se había resistido a volver. Hasta ahora. El incendio en la cárcel de San Miguel, donde murieron 81 reos, ha sido una de las experiencias más desgarradoras que ha enfrentado en su vida. Han pasado casi seis meses, y él aún no termina de procesarlo. Pese a ello, aunque no sin dificultad, decidió regresar a ese penal. Lo acompañamos en ese viaje. Para él, la mejor manera de mostrar a la gente la cruda realidad de las cárceles chilenas, donde -en sus propias palabras- "los presos están recluidos como animales".

Decidió también entrar una vez más a la Penitenciaría y a la Cárcel de Mujeres de Santiago, las más álgidas del país. Se ve sereno mientras camina entre las calles y galerías de estos penales que agrupan a los reos de mayor peligrosidad. En la "Peni", incluso, entra a las pequeñas celdas de 2x2 m2, en las que se apiñan no menos de 15 personas. Lejos de atacarlo, los presos se le acercan con tranquilidad. Lo llaman por su nombre. Y comparten con él sus vivencias. Nadie le grita, ni le escupen.

De entrada, golpea un olor húmedo y avinagrado. "No hay cárceles parecidas a las chilenas. El olor a uno se le impregna sicológicamente. Creo que es un olor que no se puede olvidar. No se conoce de pasada, hay que meterse en la profundidad de la cárcel para sentirlo", dice.

Luego de visitar el penal de San Miguel, por primera vez se anima a recordar ese día amargo, el "más largo de mi vida". Le cuesta rearmar con detalle su historia personal y profesional ese 8 de diciembre. Se mezclan muchos recuerdos. El habla entrecortado. Se emociona. Y guarda silencio. El mismo con que recorrió el largo pasillo antes de llegar al cuarto piso de la Torre 5, donde se desencadenó la tragedia.

Este es su testimonio.

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