El gran remezón

La Moneda reaccionó en forma tardía, y con perplejidad frente a las protestas en rechazo a HidroAysén. Un movimiento sin líderes visibles y al margen de la clase política se había tomado por asalto la agenda, en vísperas del discurso del 21 de mayo. Lagos protagonizó un giro radical en menos de 24 horas, Bachelet guardó silencio. Y la Concertación se sumó con entusiasmo a la ofensiva contra las represas, pese a su indiferencia durante años y a las anteriores señales favorables al proyecto de muchos de sus dirigentes.

por Ivonne Toro y Michelle Chapochnick
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EL viernes 13, a eso de las nueve de la noche, el ministro Rodrigo Hinzpeter siguió desde su oficina de La Moneda los despachos televisivos que a esa hora transmitían en directo lo que ocurría en la Plaza Italia. Cerca de 30 mil personas marchaban en contra de la aprobación de HidroAysén, luego de que a inicios de semana la Comisión Ambiental de Coyhaique aprobara la megacentral y la administración de Sebastián Piñera respaldara la iniciativa. Una frase comenzó entonces a circular en los pasillos de Palacio para graficar la preocupación con el tema: "Esta crisis puede ser peor que el efecto Bielsa".

Ni el gobierno ni el Congreso y ni siquiera en Patagonia sin Represas habían previsto la magnitud de la movilización. El rechazo al proyecto de Endesa-Colbún, que implica una inversión de US$ 4 mil millones para la construcción de cinco centrales y un tendido eléctrico de más de dos mil kilómetros, ya remecía el tablero político.

Hinzpeter abordó el tema a primera hora del lunes, en el tradicional comité político con los partidos de la Alianza: afirmó que los ambientalistas habían "profesionalizado" el descontento con el proyecto en los últimos tres años y que lograron penetrar en la elite informada. Luego pidió que se defendiera la decisión del Comité de Evaluación Medioambiental, con el argumento de que la necesidad energética era un asunto de Estado, y abordó la decisión del biministro Laurence Golborne de tomar dos semanas de vacaciones en medio del conflicto, interrumpidas tres días más tarde por orden del Presidente Sebastián Piñera.

A esa altura, una encuesta de La Tercera arrojaba que el 74% rechazaba HidroAysén y el ex Presidente Ricardo Lagos daba un giro radical un día después de apoyar el proyecto, luego de recibir críticas por parte de todos los partidos de la Concertación y los movimientos ecologistas. La crisis sumaba otros símbolos. La ex Presidenta Michelle Bachelet guardaba silencio, pese a que en su gobierno se tramitó el proyecto a partir de 2008 y algunos de sus principales ministros lo apoyaron. La Concertación se sumaba con entusiasmo a las críticas a HidroAysén, pese a que en los últimos años había oscilado entre la indiferencia y el apoyo, graficado entre otros ejemplos en el decidido respaldo que le otorgó en la campaña presidencial su candidato, el senador Eduardo Frei. Este ha sido uno de los pocos del conglomerado opositor que no ha dado un giro ni sufrido amnesia respecto de su postura anterior.

En ese clima, durante el encuentro en el comité político del lunes, el jefe de bancada de los diputados de la UDI, José Antonio Kast, abordó otro tema sensible: el control del orden público y los costos que podía acarrear la imagen de una represión muy dura por parte de Carabineros. Hinzpeter sólo dijo que se estaba analizando la situación. Al día siguiente, en medio de acusaciones sin gran fundamento sobre supuestos efectos abortivos de las bombas lacrimógenas, anunció que se suspendería su uso mientras se realizaran estudios sobre el tema. Tres días después fue el turno del gobierno de dar un giro: sólo horas antes de la marcha del viernes que reunió 40 mil personas, el gobierno anunció que los estudios estaban listos y repuso la utilización de los gases.

A medida que pasaban las horas y se acercaba la segunda cuenta de Piñera del 21 de mayo (ayer), la última sin campañas electorales de por medio, La Moneda y la Concertación se movían de acuerdo al fragor de los acontecimientos. El principal denominador común: la perplejidad. Un movimiento sin líderes visibles y al margen de la clase política se tomaba por asalto la agenda, al tocar una fibra en la opinión pública. El segundo piso de La Moneda trazaba teorías sociológicas para explicarlo: señalaba que HidroAysén había liberado una carga de angustia y frustraciones provocadas por la tragedia del 27-F que hasta ahora no había encontrado algo que la gatillara.

Otras tesis hacían un paralelo con manifestaciones en otros lugares del mundo, como el "Movimiento de los Indignados" en España. En ese y otros casos, como la caída de Hosni Mubarak en Egipto, fueron fenómenos que dejaron perplejos a los partidos y movimientos políticos tradicionales y las redes sociales de internet jugaron un rol clave en la convocatoria de las protestas.

Como sea, en medio de una fuerte preocupación, en la Alianza y en La Moneda comenzó un ajuste de cuentas. En algunas reparticiones achacaban al ministro Cristián Larroulet por insistir en la idea de no maniobrar para postergar la votación del proyecto para después del 21 de mayo. En la coalición, en tanto, se desataban críticas por la "bilateralidad" con que el gobierno toma las decisiones. Lo graficaban en que, aparte de Piñera, pocos conocían el anuncio de Hinzpeter de levantar el uso de las bombas lacrimógenas y luego reponer la medida.

Pero la gran crítica es que en La Moneda no se calculara el efecto del conflicto en circunstancias que la semana anterior encuestas del gobierno indicaban un 64% de rechazo a la megacentral. Pese a ese antecedente, en La Moneda esperaban movilizaciones limitadas a los grupos de ecologistas. En el gobierno no escondían su temor a una fuerte caída en las encuestas, un desenlace poco manejable y que la crisis terminara golpeando a Golborne, el ministro mejor posicionado en los sondeos.

Los más optimistas reflotaban en sus conversaciones la manifestación de los "pingüinos", que en 2006 congregaron a más de 600 mil escolares a través del país. Con los meses, las protestas terminaron disolviéndose, pese a que la ex Presidenta Bachelet bajó 18 puntos en las encuestas en tres meses.

"Al interior de la Concertación nunca hubo una posición unitaria frente a HidroAysén. Hoy existe mayor decisión en el PS, el PPD y los radicales. La DC no tiene definición como partido", señala el presidente del PRSD, José Antonio Gómez. El senador añade que semanas antes de la votación del proyecto, se barajó la posibilidad de realizar una declaración pública como conglomerado, ante lo cual el presidente de la DC, Ignacio Walker, estuvo en desacuerdo. Hace sólo tres semanas, en tanto, un congreso del PS fijó su posición frente al tema, pese a que éste estuvo en la agenda desde hace varios años.

El 14 de agosto de 2008, bajo el gobierno de Michelle Bachelet, HidroAysén entró al sistema de evaluación ambiental. El sólo hecho de aceptar la tramitación, señala un ex asesor de la ex mandataria, era una señal en favor de la iniciativa.

"La postura del gobierno que yo expresaba como vocero era que HidroAysén debía cumplir con los requisitos medioambientales. Y si era así, se aprobaría", recuerda Francisco Vidal. Entre los firmes partidarios de la iniciativa estaban los ex ministros Edmundo Pérez Yoma (Interior) y Marcelo Tokman (Energía), cuya posición se enfrentaba a la entonces titular de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte. Bachelet, según un alto personero socialista, señalaba en sus círculos más cercanos que no se iba a oponer al proyecto, pero que tampoco estaba dispuesta a aprobarlo durante su mandato.

Altos ejecutivos de HidroAysén señalan que no pocos parlamentarios de la Concertación los llamaban en esa época para respaldar el proyecto, y ahora lo critican y se suman a las protestas.

Conscientes de ese giro, influyentes personeros del conglomerado temen convertirse en el blanco de acusaciones de oportunismo por parte de grupos ecologistas más radicales, tal como sucedió cuando líderes sindicalistas que agredieron a dirigentes opositores durante el Día del Trabajador de 2010.

En la Concertación recuerdan que la campaña comenzó a gestarse en 2005, en Coyhaique, a través de ONG. Pocos esperaban que la iniciativa terminara compitiendo a la misma altura de la campaña de HidroAysén, con carteles afuera del aeropuerto, avisos y con recursos internacionales.

Ese año, a través de fondos concursables de la Segegob y Fondart, organizaciones de Aysén consiguieron financiamiento para informar respecto de los atractivos turísticos de la región y la necesidad de preservarlos intactos. El aporte para las actividades no superó los $ 50 millones.

En 2007, la situación era otra. Con Patagonia sin Represas constituida como un movimiento de más de 50 ONG nacionales e internacionales comenzaron a llegar fondos de instituciones norteamericanas como Natural Resources Defense Council e International Rivers, entre otras.

Entre 2007 y 2008 se logró recaudar más de US$ 2,5 millones, principalmente por medio del jefe de Ecosistemas, Juan Pablo Orrego, y de Douglas Tompkins, a través de su Fundación Deep Ecology. Incluso, compraron acciones en Enel, controladora de Endesa. En 2010 fueron a la cita de accionistas Orrego y el obispo de Aysén, Luis Infanti.

En cuanto comenzaron a recibir más recursos, el Consejo de Defensa de la Patagonia contrató Think 3, cuyo director creativo es Patricio Badinella, conocido en los 80 por los comerciales de Manjar Colún ("Mi mamá me quiere todo esto...") y Firestone ("Si camino no hablar"). Según comentan en Patagonia sin Represas, el principal aporte de Badinella fueron las instalaciones de pendones en carreteras.

Con un mensaje preciso, lograron implantar como concepto la defensa del sur del país. Para lograr ese objetivo, en el período 2009-2010 contaron con cerca de US$ 2 millones.

Estas últimas dos semanas, en tanto, Orrego viajó a Europa a buscar más financiamiento. Estuvo en Suecia y Alemania y se reunió con parlamentarios de sus gobiernos. En cada viaje que realiza, Orrego lleva consigo el libro de Patagonia sin Represas -con fotografías de las zonas que serían afectadas por la propuesta de Endesa y Colbún- y la carta pastoral del obispo Infanti en que explica su rechazo a HidroAysén.

En paralelo, en las próximas semanas los grupos ecologistas esperan tener en funcionamiento la Acción Medio Ambiental de Chile (AMA), que va a reunir a todos los grupos medioambientales y territoriales para actuar en conjunto. Contarán con merchandising, están planificando intervenciones públicas y buscan "rostros" que los representen. La idea es empezar a instalar masivamente el rechazo a otros proyectos, como la central termoeléctrica Isla Riesco, en Magallanes

En el gobierno admiten que el proceso publicitario ha sido exitoso. "Hoy en el mundo hablar de la Patagonia chilena equivale a hablar del Amazonas, algo que, ante todo, se debe tratar de preservar y eso es un logro de ellos", explica una alta fuente de La Moneda.

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