El binominal no era tan bueno...

por Claudio Fuentes, director del Icso, UDP
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HAGAMOS memoria. Cuando se discutía la reforma constitucional de 2005, un grupo de senadores encabezados por Edgardo Boeninger propuso un sistema binominal corregido. Cada partido incorporaría un diputado si obtenía más de un 5% de la votación nacional y dos diputados si superaba el 10%.
La Alianza no estuvo dispuesta a discutir ni esa, ni anteriores propuestas de reforma, porque a su juicio, estaba en juego nada menos que la estabilidad del país.  El senador Orpis reafirmaba su "convicción que este sistema es el mejor para Chile", agregando que era algo que nos destacaba del resto de América Latina. El senador Espina explicó que a diferencia de la región donde "el sistema proporcional ha provocado el derrumbe de regímenes democráticos", en Chile el binominal promovía la creación de dos amplios bloques: "Y quiero señalar, con todas sus letras y absoluta claridad, que apoyaremos su mantención, pues estamos convencidos de que es bueno para Chile" (Senado, 6 de octubre 2004).
Por ello, la propuesta de algunos diputados(as) de Renovación Nacional de reformar parcialmente el binominal llama la atención. O no estaban tan convencidos, o bien, la percepción de las bondades de dicho sistema se ha alterado. ¿Qué es lo que sucedió?
Primero, el balance de poder en la Alianza se modificó. Tomemos el ejemplo de la elección de diputados. RN en 1989 obtuvo el 18,3% de la votación nacional y logró elegir 29 diputados. En el año 2009 obtuvo 17,8% y sólo obtuvo 18 diputados. En cambio, la UDI incrementó la cantidad de diputados de 11 a 37 en el mismo período. Con sólo cinco puntos de diferencia en los votos recibidos, la UDI más que duplicó la cantidad de diputados de RN en la última elección. Resulta evidente, entonces, que el sistema está perjudicando a RN.
Segundo, la realidad política se ve muy distinta si eres oposición o gobierno. Cuando la Alianza era oposición, jugaba un rol de actor de veto de las iniciativas de la Concertación. Ahora que está instalada en la Presidencia, la Alianza buscará conseguir mayorías para aprobar su legislación. La ampliación de cupos no sólo le permitiría obtener más escaños, sino que también posibilitaría formar eventuales alianzas con partidos pequeños que entren al juego político.
La propuesta sin duda provocará remezones. Nuevamente tensionará las relaciones al interior de la Alianza. El gobierno de Piñera decidió tempranamente evitar este tema y la UDI ha mostrado fuertes divisiones sobre el particular. Pero, además, provocará ácidas discusiones en la oposición. La Concertación concuerda con la necesidad de la reforma, pero surgirá el mismo dilema estratégico que la acompaña desde el año pasado: ¿aceptamos una reforma parcial o asumimos una posición principista de reforma más sustantiva? Seguramente se preguntarán. En este tema, considero que sería un error cerrarse a una negociación.
La buena noticia es que un número mayor de actores se abre a la reforma. Esperemos entonces que los intereses de los actores confluyan para ampliar los grados de representatividad y competencia en un sistema que muestra evidentes signos de agotamiento.

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