LA TERCERA EDICION IMPRESA | domingo 15 de mayo de 2011
En su reciente paso por México, la artista dice que podría venir a Chile en 2012, que no se siente una estrella y llora al hablar de sus fanáticos.
Hubo días en que las apuestas por Lady Gaga eran escasas. O, al menos, temerosas. Ella incluso lo define de manera más lapidaria: "Cuando empecé, nadie daba un peso por mí". Pero la neoyorquina, nacida como Stefani Joanne Angelina Germanotta, no fue la única víctima de la distancia con que la industria musical observó sus primeros movimientos.
Los fans sudamericanos también sufrieron: los orígenes de sus dos giras a la fecha -The fame ball, de 2009, y The monster ball, que empezó ese mismo año, pero culminó el pasado sábado 6 en Ciudad de México- fueron armados con un presupuesto ajustado y sólo pensando en mercados que garantizaran convocatoria.
"Cuando comencé esas giras no tenía plata suficiente para recorrer el mundo, así que estuve muy limitada para visitar todo lo que hubiera querido", dice la artista en entrevista a radio Carolina -que se emitió durante esta semana-, en su suite ubicada en uno de los más lujosos hoteles del D.F. y vestida con un bikini provocativo, mínimo, que apenas deja opciones a la imaginación. Todo, complementado con una pequeña chaqueta y coloreado por su peluca amarilla y sus largas uñas rojas.
Eso sí, la misma Gaga adelanta que Sudamérica, Chile incluido, tendrá la oportunidad de recibir su visita durante 2012, para la gira del inminente álbum Born this way, con fecha de salida para el próximo lunes 23 de mayo. "¡Sí! Ya no puedo esperar y en el próximo tour voy a pasar por ahí".
Es que la artista ahora no sólo tiene una mejor cuenta bancaria para sustentar la gira. No sólo su presencia casi omnipresente la obligará a llegar a latitudes que antes no entraban en los gastos. Hoy, Lady Gaga, con 25 años, es la mayor figura del pop actual y una de las celebridades más reconocibles del planeta, con plataformas en Facebook, Twitter o YouTube que han servido para catapultarla como una genuina encarnación de los nuevos tiempos.
Y el ascenso, por ahora, no tiene límites claros. Con ocho millones de discos vendidos y una fortuna avaluada en US$ 150 millones, Gaga se alista para uno de los lanzamientos más esperados de la temporada, el mismo que desde hace un tiempo tiene sencillos como Born this way, Judas y The edge of glory sonando en radios.
Pero la mujer de Poker face prefiere poner freno. Su hablar es decidido, amable, con cierta estudiada distancia del abrumador estrellato que la domina y, por sobre todo, consciente del personaje que ella misma ha levantado.
Todo por los fans
A la conferencia que dio hace algunos días en Ciudad de México, donde hizo dos shows en el Foro Sol, llegó con un vestido casi transparente, con tacos monstruosos y se largó a hablar de los fans -su obsesión en las entrevistas- como el mayor sustento de su triunfo.
En este encuentro, el saludo inicial fue eufórico, con ilimitada alegría al saber que la conversación tenía como destino Chile. Tanto así, que llama la atención cuando la cantante toma las manos y los brazos de su interlocutor cuando quiere agregar intensidad a una respuesta. Y lo hace seguido.
Lady Gaga es fácil de palabra y también explota muchas metáforas relativas al sexo. Aún más: en un tramo, cuando habla de los fanáticos, simplemente llora y uno de sus representantes le debe traer agua. Curioso: pese a la polémica y a la excentricidad con que se asocia su historia, su faz de chica rebelde casi ni asoma ante su amabilidad exagerada.
"Siempre he estado enfocada en mi música, así que la fama no me ha afectado tanto. Claro, no es lo mismo salir ahora, pero soy inteligente, sé dónde debo ir. Tengo tiempo libre, pero siempre termino saboteándome y trabajando muy duro", relata.
Luego sigue: "Cuando empecé mi carrera, nadie daba un peso por mí. Me decían: '¿por qué te pones una peluca?, ¿por qué te pones esa ropa que traes puesta?', y yo no quiero ser de esos artistas que sienten que deben vender discos por derecho, que creen que se merecen estar aquí porque sí. Yo quiero ganarme lo que tengo".
¿Te consideras una celebridad?
No me considero una celebridad. Creo que día a día el mundo me considera menos una celebridad, porque no se me ve mucho en privado. Generalmente, las fotos que hay de mí son en el escenario.
¿Qué trae tu nuevo álbum?
Estoy ansiosa para que ya todos puedan escucharlo, es muy entretenido, es una fiesta. Se trata de reafirmar tu identidad y quererse tal como uno es. Se siente tal como la portada, muy frenética, pero también libre y agresiva. Habla de la lucha que llevo para que me acepten tal como soy.
Artistas como Christina Aguilera y Britney Spears se han vuelto más dance o más provocativas. ¿Es una respuesta a tu éxito?
No. Creo que la música dance hace rato que está en ascenso y me gusta mucho ver que otras mujeres también hacen música dance. Al final, todas tenemos que ver con todas en lo que estamos haciendo.
¿Te importa lo que hagan otros artistas?
Realmente estoy enfocada sólo en mi trabajo. Siento que mi relación con los fans existe más allá de la música pop.
¿Cómo te comunicas con tus fans?
¿Has estado en uno de mis shows? Es como tener sexo. Es tan íntimo, dos horas y media entregándoles todo lo que hay de mí, desangrándome en el piso. Ahí dejo todo lo que tengo, no queda más. El show no es sólo un concierto, es una puta iglesia, una capilla. No es un show, es una iglesia de música, de música pop electrónica.
¿Qué tan importantes han sido los fans en tu éxito?
Son tan importantes para mí (solloza)… no sé qué voy a hacer sin ellos. Estoy triste porque el tour termina. ¡Voy a tener que empezar el nuevo luego! (risas). Pero no se trata de que estoy loca y necesito la atención de mis seguidores. Se trata del placer de poder entregarles todo lo que esperan de mí.
Cuando empezaste tu carrera, dijiste que no te interesaban los rankings y que tu legado sólo sería mantenerte en el tiempo. ¿Lo has logrado?
Sí, lo estoy logrando. La gran prueba fue hace un par de noches: hace unas semanas estrené Judas y estaba en el escenario haciendo mi show y todos pedían '¡Judas, Judas!', así que la canté. Corearon cada palabra de la canción y gritaban, mostraban sus garras. Me puse muy contenta y todo lo que esa canción me hace sentir. Recuerdo que en ese momento pensé: "Esto es importante, mis pequeños monstruos ya la sienten 'número uno'. Es tooooodo lo que importa!" (risas). Hay muchas canciones que llegan al número uno todo el tiempo, pero no se trata de eso. Se trata de ser aceptada por tu público.
Judas detonó fervor, pero también polémica: su video tiene una intensa iconografía inspirada en el mundo cristiano, en el mismo código explotado por Madonna hace más de 20 años, para el hit Like a prayer. Gaga, en la cita con la prensa mexicana, se hizo cargo: "No se necesita ser una persona muy religiosa o saber de religión para entender el clip. Es sobre un mal novio y todos hemos pasado por esa experiencia. Usé la figura de Judas para ejemplificar el paso de la oscuridad a algo mejor. ¿Quién no se ha sentido como Judas, como alguien malo, y espera que lo perdonen?", pregunta en torno a la controversia y en torno a un single en la cresta de la ola.
En resumen, en torno a lo que ella es: el gran personaje musical del momento. Aunque a veces intente disimularlo.