LA TERCERA EDICION IMPRESA | jueves 14 de abril de 2011
Los tradicionales tejidos, oriundos de la aldea precordillerana de la VII Región, se confeccionan en base a crin de caballo.
Dar una vuelta, sujetar y tirar la hebra. Una y mil veces hasta que quede firme, parejo y ordenado. Hasta formar un tejido, que a costa de muchas horas, destreza y paciencia, dará vida a coloridas mariposas, pulseras, posavasos e, incluso, sombreros.
"Es un trabajo lento, somos más ágiles, porque llevamos harto tiempo, pero hay que poner mucha atención para que quede perfecto. Por eso mismo, muchas de nosotras ya hemos ido perdiendo la vista, de tanto forzarla mirando los hilos", explica Sara Toro, vocera de la asociación de artesanas Maestra Madre Rari, un grupo de 14 mujeres que nunca imaginarían que su trabajo en la precordillera del Maule llegaría un día a París. Y menos, si se trata de tejidos elaborados con crin (cabellos) de caballo.
La técnica y sus orfebres serán parte de un programa piloto de la Unesco para exponer sus creaciones en Francia. La entidad de la ONU premia las creaciones de valor cultural que demuestren excelencia, autenticidad, innovación y capacidad de colocación en los mercados.
"Esto es algo que se está haciendo por primera vez, con quienes han recibido el reconocimiento de excelencia", dice Denisse Bax, encargada de la división de Expresiones Culturales y de las Industrias Creativas de Unesco.
Los trabajos en crin se ubicarán en las vitrinas y escaparates de la boutique que tiene la sede del organismo en París. Allí, altos personeros y representantes de naciones en todo el mundo tendrán la oportunidad de apreciarla. "Todavía estamos en un proceso de selección, también habrá muestras de otros países. A esta tienda accede la gente que trabaja en Unesto y todos los visitantes exteriores", añade Bax.
La noticia fue recibida con entusiamo por la agrupación de mujeres oriundas de Rari, una pequeña aldea emplazada en el sector precordillerano de la Región del Maule, y que tiene como centro de operaciones un taller montado en la plaza de la localidad.
"Supimos por un correo que nos mandaron contando que por segunda vez ganamos el premio Unesco. Dijeron que encontraron relevante la artesanía y que están implementando este programa piloto. Es una felicidad inmensa, nunca pensamos que tejiendo podíamos llegar tan lejos. Uno siempre sueña estas bendiciones", dice Toro.
Antigua técnica
Se estima que la técnica que enlaza crines de caballo para hacer tejidos data desde hace 300 años. Cuentan en Rari que una monja fue la precursora y que de miras y oídas, la fórmula se fue extendiendo por el poblado, donde habitan cerca de mil personas.
En la aldea, las mujeres cuentan con un taller, pero dicen que la mejor escuela es la familia: a sus 80 años, Blanca Flores lidera cuatro generaciones de hábiles aprendices. "Sus nietas o bisnietas no viven acá, se han ido, pero vienen todos los veranos a verla y se sientan con ella a tejer y aprender a hacer nuevas artesanías", relata Sara Toro.
En Rari todas las mujeres saben tejer las hebras de las colas de caballo, que compran en atados de kilo a los ganaderos por casi $ 50 mil.
Es "el precio de la fama", dicen las artesanas. Años atrás pagaban $ 5.000 por la misma cantidad.
La crin es la materia prima y debe ser lavada y cepillada antes de cada trabajo. Si es de color negro, no requerirá mayores transformaciones, pero como los tejidos mezclan diferentes colores, se debe comprar crin de caballos blancos, para luego, teñirla con anilina.
Uno de los distintivos es que cada diseño es único, pues sólo utiliza un delgado armado que sirve para ordenar los tejidos. Toro resume: "El resto es paciencia, cariño y dedicación".