LA TERCERA EDICION IMPRESA | domingo 10 de abril de 2011
El dramaturgo criticó la dirección de Alejandro Goic y su tratamiento del texto: "Quiero que saque todas esas groserías".
Prostitutas, cafiches y marginales discuten qué pedirle al Milagrero cuando pase por el burdel a cumplir sus deseos. Jacque quiere recuperar el seno arrebatado por el cáncer, y Made, trabajar en una empresa de cosméticos. Víctor sueña con un asado y Lucía con que su hijo, preso político, vea el sol. Eso es sobre el escenario.
Abajo, la platea está a tope. Es el estreno de la última versión de El toro por las astas, a cargo de Alejandro Goic. La obra de Radrigán, escrita en 1982, revivió el jueves en la sala Antonio Varas del Teatro Nacional Chileno. En plena función, el oscuro horizonte de cabezas es interrumpido por la silueta de un hombre que se levanta de su butaca en primera fila, camina por el pasillo y se va. El autor de la obra abandona la sala en señal de protesta.
Radrigán habló después del estreno. Al elenco le dijo que "parecía Morandé con Compañía". Por ahora, no quiere decir más: "Antes tengo que ir a retarlos, a explicarles por qué los odio. Voy a ver qué pasa esta noche, si les entró en la cabeza algo de lo que hablamos".
¿Qué espera que cambie?
Quiero que saque todas esas groserías.
No parece que Goic quiera hacer cambios por ahora.
¡Pero si la obra no es suya!
Alejandro Goic tomó esta obra nacida del malestar de los 80, y quiso darle un barniz más urbano y contemporáneo para traerla al presente y demostrar que las penas de antes son las penas de hoy. Entonces se encontró con la resistencia del autor. El viernes, una hora antes de la función, Goic estaba sobre el escenario, tocando de pie un piano con un cigarro colgando de los labios. "Lo único que puedo decir es que venga a conversar con el elenco y conmigo. Ya que él hizo público esto, corresponde que venga a hablar con nosotros". Goic abandona el escenario por un agujero del decorado.
La causa de la discordia
Radrigán escribió El toro por las astas después de Hechos consumados, su pieza más famosa. Por entonces escribía diferente a como lo hace hoy, y cuando le propusieron remontar esta obra para celebrar los 70 años del Teatro Nacional, quiso revisar el texto.
"Tengo la sensación de que actualizó pocos textos, el resto creo que está puesto por Alejandro. El director y los actores tienen derecho a trabajar en la dramaturgia, las obras atraviesan procesos creativos de mutación, sean obras antiguas o modernas. Imagino que Juan no quedó satisfecho con el resultado", dice Raúl Osorio, director del Teatro Nacional. "Buscamos un dramaturgo de relevancia que tuviera vigencia. Juan nos pasó una obra nueva, pero estaba sin terminar, y nosotros por apuro le dijimos que nos interesaba él como dramaturgo, así que buscaríamos otra obra suya".
¿Empañó la celebración?
No, los autores tienen derecho a su opinión, no hay momentos especiales para eso.
Frente a su molestia, ¿se harán cambios en la obra?
No sé. El lunes nos reuniremos y conoceré su postura. Si es necesario nos reuniremos con el elenco y Goic, y si la cosa es muy importante para Juan, veremos qué se puede hacer.
Los insultos y expresiones vulgares abundan en este retrato de los bajos fondos. Bien claro lo deja un personaje, en la versión original, cuando habla del burdel: "Hablar bien aquí es igual que hablar en inglés po, ¿no vís que la gallá que viene p'acá entiende a puras chu...". Durante los ensayos del martes pasado, el dramaturgo expresó su disconformidad al elenco. La noche del estreno, Juan Radrigán volvió a manifestar su disgusto, esta vez, sin palabras y a oscuras.