Debate sobre energías renovables

por José Antonio Valdés, gerente general de Pacific Hydro Chile
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EN MEDIO de la discusión que se ha generado en torno a la energía nuclear en Chile y el mundo, hoy es fundamental analizar las posibilidades reales de desarrollo de proyectos de generación de energía para diversificar nuestra matriz.
Si Chile quiere cumplir con la meta de crecimiento del 6% que se ha trazado, debe duplicar en 10 años su capacidad de generación de energía. En este contexto, la energía nuclear será una discusión de largo aliento, en circunstancias que necesitamos urgentemente de decisiones que aseguren que el país cuente con la energía suficiente para alcanzar su objetivo.
Potenciar las energías renovables es un buen camino. El gobierno tiene como meta para 2020 que el 20% de las energías provenga de fuentes renovables, mismo objetivo que persiguen los países de la Unión Europea. Sin embargo, y a diferencia de los criterios internacionales, en nuestro país la ley de Energías Renovables incluye el apellido de "no convencionales", definición que hace que la meta del Ejecutivo sea mucho más difícil de cumplir.
Bajo esta clasificación legal, las centrales hidroeléctricas de pasada dejan de ser consideradas como energía renovable a pesar de que representan uno de los sistemas más económicos, competitivos y limpios, y utilizan uno de los recursos más abundantes en Chile. No embalsan grandes cantidades de agua, sino que desvían parte del caudal de un río para luego devolverlo en igual cantidad y calidad, e incluso comercializan bonos de carbono.
Este apelativo artificial hace que la ley fije un límite de 20 MW a estas centrales. A las que superan este margen se les castiga dándoles el mismo trato que a una planta termoeléctrica a carbón. Esta situación se traduce, en la práctica, en un incentivo perverso que provoca la subutilización del real potencial hídrico del país, pues motiva a los inversionistas a construir centrales más pequeñas para aprovechar los beneficios de la ley. El recurso hídrico no utilizado se desperdicia, no se recupera y deberá ser suplido necesariamente por otras fuentes contaminantes y más caras.
El límite de 20 MW no tiene ninguna base científica y contradice a sistemas internacionales de reconocimiento de este tipo de energía, como el esquema de certificación de bonos de carbono a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio (Protocolo de Kioto), que busca reducir las emisiones de gases efecto invernadero en los países desarrollados y los criterios de la World Comission of Dams, que considera parámetros más efectivos, como muros no mayores de 15 metros y que la central no acumule más de tres millones de metros cúbicos de agua.
Las centrales hidroeléctricas de pasada son una gran alternativa para Chile. Se estima que podrían aportar del orden de 10 mil MW al sistema, generando energía limpia, renovable y eficiente para el país.
Por eso, para impulsar este tipo de proyectos y lograr que el país cuente con la energía que precisa para su desarrollo, es urgente terminar con esta barrera inédita en el mundo y avanzar hacia criterios más efectivos e internacionales.

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