La represión del Transantiago

por Louis de Grange, doctor en Transporte, Universidad Diego Portales
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Desde su inicio, Transantiago ha generado una extraordinaria represión sobre millones de chilenos, y distintas autoridades de turno se han presentado, durante años, como los impulsores de la solución definitiva a los problemas de transporte público de Santiago. Y como no han existido mejoras significativas, se genera una gran frustración para quienes obligadamente deben usar a diario las micros en la capital, sentir que se manifiesta en las encuestas de opinión que se efectúan cotidianamente. Notar que las micros amarillas no eran mejores, pero le costaban la mitad que el Transantiago al país.

Las buenas expectativas económicas por las que está pasando Chile se han traducido en ventas récord de automóviles. La confianza económica le permite hoy a miles de chilenos endeudarse para adquirir un automóvil y dejar la micro, cambiando así su estatus dentro del sistema de transporte. De hecho, desde el año 2006 a la fecha, el uso del transporte público se ha reducido un 23%, reducción que sin duda se acrecentará en los próximos años.  Las consecuencias de este cambio son mayores costos y menores ingresos, aumentando el tamaño del déficit del Transantiago.

Por otra parte, la construcción masiva de corredores segregados y de vías exclusivas de buses tampoco producirá efectos muy significativos. Esto se debe básicamente a tres razones. La primera, es que las calles en casi todo Santiago son muy angostas, por lo que la construcción de corredores atenta directamente sobre los peatones, que son evidentemente la primera prioridad en el uso del espacio vial. La segunda, es que no hay cómo resolver el problema de intersecciones entre calles importantes (por ejemplo, el cruce de Providencia y Pedro de Valdivia, entre muchos otros), y con el gran flujo peatonal que existe, se limita enormemente cualquier beneficio de vías segregadas. La tercera razón, es que los más de 50 mil taxis y colectivos que funcionan en Santiago tienen derecho a usar las vías exclusivas de buses, y como su utilización equivale a diez veces la de un vehículo particular, igual seguirán existiendo conflictos en las vías exclusivas.

La urgencia de corto plazo, que es financiera, requiere reducir o incluso eliminar recorridos excesivamente caros, y cobrar los transbordos a fin de que se realicen viajes más eficientes y se ofrezcan servicios más baratos. La urgencia de mediano y largo plazo pasa por desarrollar y ejecutar un plan maestro de Metro para la capital.

Basta con analizar la última inauguración del Metro, que produjo una especie de catarsis colectiva sobre los cientos de miles de vecinos de Maipú. Las manifestaciones de júbilo eran evidentes, ello pese a que la tarifa del Metro supera en $ 80 a la de los buses. ¿Por qué tanta alegría desbordante por un servicio que es más caro que los buses que usan el espléndido corredor segregado de Av. Pajaritos? La respuesta es simple: el Metro, entre muchas otras cualidades que los buses carecen, dignifica a los viajeros. La gente no reclama por pagar $ 80 adicionales si les ofrecen una alternativa digna y de calidad. Aquellas autoridades de transporte que insistan en desplazar a 6 millones de personas mayoritariamente por la superficie deben urgentemente dejar sus cargos, ya que le están haciendo un daño extraordinario a millones de chilenos.

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