LA TERCERA EDICION IMPRESA | sábado 15 de enero de 2011
¿Sabía que ciertas zonas del cerebro se adelgazan después de años de insomnio? Cambios fisiológicos, de conducta y problemas de memoria son parte de las consecuencias de un persistente mal dormir. La solución definitiva incluye fármacos y terapia conductual.
LOS PROBLEMAS para dormir de Daniela (32) comenzaron en su época de universitaria. "Me costaba conciliar el sueño. Me iba a la cama como a las 23:30, pero recién a las dos o a las tres me dormía y despertaba como a las seis. Andaba irritable, todo me molestaba, estaba poco tolerante", relata. Agrega que la trataron con somníferos por un tiempo y que con eso dormía bien, pero dice que le costaba despertar. Recién el año pasado un siquiatra identificó su problema real: depresión. La empezaron a tratar con ansiolíticos y otro medicamento que le ayuda a dormir; "Ahora funciono mejor", cuenta entusiasmada.
Se estima que un 20% de la población sufre de insomnio, condición que como demuestra el caso de Daniela, tiene un diagnóstico complejo: muchas veces se asocia a enfermedades como depresión, dolor crónico o insuficiencia cardíaca. Los estudios más recientes revelan también que hablamos de un problema más complejo de lo que se pensaba: además de la somnolencia y el cansancio con que deben lidiar estos pacientes, las últimas investigaciones señalan que ciertas zonas del cerebro se adelgazan después de años de insomnio, una reducción similar a la que experimentan los pacientes que padecen depresión.
Dificultad para realizar tareas complejas, problemas de memoria y de aprendizaje, se cuentan entre los efectos que han sido descritos en estos estudios. Por ello es que los últimos tratamientos no sólo incluyen fármacos que "obligan" al cerebro a "desconectarse", sino que los especialistas también ponen énfasis en la terapia cognitiva conductual y la higiene del sueño, estrategias que operan como un verdadero "cockatil" para tener éxito en la lucha contra el insomnio. Una de las más novedosas que han dado buenos resultados es la llamada "intención paradójica", una terapia que ataca el problema de manera inversa instando a los pacientes a no dormir.
El año pasado, un estudio de la U. de Cambridge descubrió que el cerebro de los adultos mayores con problemas crónicos de sueño es diferente al de los adultos que sí pueden descansar y que los primeros deben tomarse más tiempo en tareas que impliquen algún grado de decisión. Tras comparar el comportamiento de 25 ancianos insomnes y 13 controles sanos mientras realizaban una serie de órdenes, los científicos descubrieron que los pacientes con insomnio crónico podían realizar las tareas simples -igual o mejor que el grupo control-, pero cuando se pasó a las más complejas quedaron atrás.
El experimento también mostró que el cerebro de los insomnes tiene un aspecto diferente, siendo menos denso en zonas como la corteza órbitofrontal (detrás de la frente y cerca de la zona ocular), encargada de almacenar los recuerdos. Hablamos de una reducción en la materia gris similar a la que afecta a pacientes con estrés y depresión y que sería causante de problemas de memoria.
Estudios han comprobado que el sueño tiene una función vital en la consolidación de la memoria a largo plazo y la falta de él, ocasiona problemas en los recuerdos. Imagine que la mente funciona como un computador. Cuando dormimos, la zona donde se acumulan los archivos temporales con las actividades del día se vacía y estos recuerdos son transferidos al disco duro de la memoria. Así, la carpeta de los temporales queda con espacio para guardar las actividades del día que viene. Si no se vacía en forma adecuada, cuando necesitemos recuperar un archivo pueden aparecer falsas memorias o recuerdos de hechos que nunca ocurrieron.
Matthew Walker, de la Universidad de California en Berkeley, comprobó el año pasado esta teoría. Explica que los recuerdos recientes se almacenarían temporalmente en el hipocampo, para después ser enviados a la corteza prefrontal, la misma que aparece más delgada en los pacientes adultos mayores con insomnio. De esta manera, se explicaría por qué hay problemas de memoria cuando dormimos poco.
Este mismo sistema está relacionado con el aprendizaje. En uno de los experimentos de Walker, 39 jóvenes debieron aprender una tarea específica durante un tiempo determinado. Hasta el mediodía, cuando todos fueron evaluados, los resultados fueron similares. Después de esta medición, la mitad del grupo durmió siesta y la otra no. Durante la evaluación, los que durmieron obtuvieron mejores resultados.
Lo último en tratamiento de insomnio incluye no sólo fármacos sino también terapia cognitiva conductual (TCC) realizada por un sicólogo o terapeuta. La neuróloga y directora del Centro de Medicina del Sueño de la Universidad Católica, Julia Santín, explica que este tipo de terapia corta, no más de ocho sesiones, busca modificar comportamientos y pensamientos que tiene el paciente respecto de alguna problemática como la obesidad, el control de la ansiedad o el insomnio. De hecho, en algunos casos la TCC se ha utilizado sola sin medicamentos. "Hay un insomnio que se llama sicofisiológico crónico donde lo central del paciente es la ansiedad centrada en el dormir. En estos casos la TCC es la única solución. Si a estos pacientes se les da medicamento, duermen, pero terminado el efecto vuelven a lo mismo", dice Santín.
Otra técnica es la intención paradójica, que consiste en decirle a los pacientes "no duerma por nada del mundo, por favor no se vaya a quedar dormido… y al final el paciente se duerme igual", dijo la especialista. Además, se les pide que lleven un diario de vida en el que registran paso a paso sus actividades antes del sueño y luego se revisa para ver qué se hizo y bien qué mal.
El especialista en medicina del sueño y director del Instituto del Sueño, Neurodiagnos, Walter Avdaloff, dijo que la actual terapia de insomnio implica un enfrentamiento desde varios flancos. "El primero es farmacológico, sobre todo al inicio del tratamiento pero por un tiempo corto no superior a los dos meses. Los cambios conductuales toman más tiempo, pero son indispensables para lograr una cura", explicó.
El año pasado, especialistas de la Universidad de Bristol, Reino Unido, presentaron un estudio que señalaba que la TCC puede ser tan eficaz como el tratamiento con hipnóticos o incluso mejor en algunos casos. Tras analizar a 102 pacientes de entre 21 y 77 años sometidos a 7 sesiones de TCC, concluyeron que el sueño se incrementó en 30 minutos en el 66% de los pacientes, a lo que se sumó una ostensible mejora en el bienestar general.