El año más prolífico e inspirado del pop y el rock chileno en la última década

Con un estimado de 70 discos en 2010, hace mucho que la música local no ofrecía una cantidad tan amplia de álbumes de alta calidad.

por C.Vergara/A.del Real/D.Rojas
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Puede que haya sido una feliz coincidencia con el año del cambio de folio, del Bicentenario y de las tragedias tatuadas a fuego en la historia local. Pero 2010 arroja una verdad que cae por consenso y que se alza casi incuestionable: se trata quizás de la temporada más prolífica y brillante del pop y el rock chileno durante la última década.

Llevando el triunfo solo al área discográfica, hace mucho que la escena nacional no disfrutaba de un caudal tan abundante de lanzamientos. Y no solo es un asunto de números: un puñado mayoritario de los álbumes estrenados entre enero y la primera quincena de diciembre ofrece una evidente calidad artística y una identidad propia que define a cada uno de sus autores. Una generación que creció haciendo música durante el nuevo siglo y que en 2010 comenzó a disfrutar los primeros asomos de proyección, recambio y consolidación. Un trozo importante de ese contingente se reunió esta semana en La Tercera y coincidió con el diagnóstico.

Si se trata de mirar en reversa -y manteniendo la total distancia en cuanto a nombres, momentos de la industria y trascendencia posterior- no es aventurado comparar esta temporada con otras igual de fecundas, como 1995, cuando La Ley editó Invisible, Lucybell se lanzó con Peces, Chancho en Piedra se inició con Peor es mascar lauchas, Los Tres se consolidaron con La espada & la pared y el sello EMI se atrevió con los debuts de Los Tetas, Bambú o Christianes. O con 1997, con la salida de piezas seminales, como Ser humano!!, de Tiro de Gracia, o Fome, de Los Tres.

Aunque aún no hay cifras oficiales, durante este año hubo un estimado de 70 nuevos lanzamientos, entre trabajos editados para multinacionales, sellos independientes o autogestionados. Si a ellos se suman las reediciones y compilados, el cómputo sobrepasa los 100. En 2009, el promedio de álbumes estrenados fue de 50.

Independientes

Eso sí, hay un quiebre fundamental con otros años: casi la mayoría de las producciones fueron lanzadas a través de discográficas y plataformas alejadas de la industria tradicional. Por ejemplo, las cuatro multinacionales que siguen en el país solo lanzaron dos discos chilenos: Música libre, de Los Bunkers, salió por Universal, mientras que Meridiano, de Inti-Illimani, fue editado por Warner Music. A cambio, Oveja Negra, perteneciente a la SCD, fue el que más títulos lanzó: un total de 56, con 24 estrenos. De cerca le sigue Feria Music, con 25 ediciones, mientras que sellos más pequeños, como Infanta Terrible, Cazador, Tue Tue o Algo Records, también muestran números alentadores.

Por eso, varios de los músicos convocados coinciden en que precisamente la falta de una industria más oficial y la debacle de los modos convencionales favorecieron la escalada creativa de 2010. "Aquí ya no se necesitan de grandes sellos", es el coro que salta unánime.

"Colectivamente estamos llegando a un mejor nivel. Me parece que se da por una combinación entre esa libertad artística que tenemos por la ausencia de industria, el desarrollo del oficio, la capacidad de transmitir el mensaje con más claridad y la mejora en los aspectos técnicos de la grabación", postula Alex Anwandter, ex voz de Teleradio Donoso que lanzó su debut, Odisea. Javiera Mena, que editó su segunda entrega, Mena, se suma: "Hay libertad para crear sin plazos y hoy es mucho más fácil bajarse los softwares para hacer música. Y están la autogestión y los sellos chicos, que trabajan con igual profesionalismo que los grandes".

Rodrigo Sáez, de Portugal, que debutó con Viajes de memoria, remata: "Hay también más interés de la gente por la música porque los grupos han entendido cómo llegar al público". La sentencia es cierta: créditos como Gepe, Mena, Dënver y Portugal colgaron sus discos de manera gratuita en la web antes de sus salidas en formato físico. "Muchos se dieron cuenta de que el camino es la independencia", precisa Angelo Pierattini.

Alejandro Gómez, del dúo Perrosky -dueños de Tostado-, postula que el escenario consagra una generación de recambio que vienen trabajando desde hace una década: "Esto no es pasajero. Muchos de los músicos que estamos acá llevamos tiempo y los discos de hoy son fruto de eso". Gepe, que en 2010 mostró Audiovisión, mira la compañía que tiene cerca para esta sesión de fotos y avala: "Gran parte de los que estamos aquí llevamos varios discos y hemos probado mucho. Y, después de intentarlo tanto, el resultado son estos álbumes".

Más allá está el debutante Ismael Oddó: "Siempre se ha hecho mucha música aquí, pero esta vez el enfoque del producto fue distinto, todos han mostrado una mejor producción y calidad, todos se han acercado de manera más profesional a su trabajo". Felipe Salas, de Como Asesinar a Felipes (que lanzaron Colores y cadáveres), recalca que el nivel de las canciones ha mejorado, mientras que el dúo Dënver, que por estos días saca su versión física de Música, gramática, gimnasia, también muestra credenciales: "Nos sorprendió la respuesta de la gente, pero creo que supimos entregar algo fresco".

Veteranos y consagrados

Pero quien mejor encarna la renuncia a los estándares del negocio y la búsqueda de una ruta propia es Carlos Cabezas, el más veterano del clan. Esta temporada se atrevió con dos títulos simultáneos, luego de 13 años sin un trabajo solista. "Hacer eso es una locura para la industria, pero se dio de manera espontánea y me ha servido para ampliar público. Representa además cómo se hacen las cosas hoy: al grano y sin tanta vuelta".

Pese al optimismo, la buena salud del rock local aún enfrenta contrasentidos. Su rotación en radios sigue siendo baja en comparación al número de títulos en la calle y a la oferta extranjera, pese a que -según la Cámara del Disco- el repertorio local es el único que muestra un alza en ventas, desde las 322.401 unidades comercializadas en 2008, hasta las 733.927 de 2009.

Los Bunkers, la última gran banda de la década en Chile, son uno de los pocos que aún goza de buena rotación radial y cierto impacto comercial. De algún modo, representan la provechosa temporada que también han tenido los consagrados: con distinta recepción y crítica, este 2010 vio lo nuevo de Los Tres, Lucybell, Pánico y De Saloon. Alvaro López, cantante de Los Bunkers, teoriza: "La industria en Chile es tan charcha que el músico que le va bien acá, y sobre todo que después triunfa afuera, tiene la piel más curtida y se ha dedicado de manera más intensa a la música. Por eso el resultado es tan bueno. Esa es mi tesis".

Los otros triunfos de 2010

El buen 2010 de la música local late en varias instancias. Por ejemplo, los sellos más novatos han sacado reediciones de obras que por años han dormitado en otras discográficas, muchas de ellas multinacionales. El caso más ejemplar fue el lanzamiento de 13 álbumes de Violeta Parra. El sello Alerce también hizo lo suyo con piezas de Chancho en Piedra y Mecánica Popular. Pero si las reediciones hermanan pasado y presente, la apuesta de los músicos chilenos por el futuro se puede resumir en un concepto: internacionalización. Aprovechando precisamente otras vías, nombres como Gepe, Manuel García y Mena se han comenzado a ganar un nombre en los circuitos alternativos de Argentina, México y España. El sitio mexicano Club Fonograma puso a 11 discos locales en el listado de los 40 mejores del año. Pero Ana Tijoux se anota el mayor logro en el extranjero: su disco 1977, lanzado en 2009, fue nominado a un Grammy en EE.UU. Y 2011 también promete: nombres como Jiminelson y Fother Muckers lanzaron sus discos en los últimos días, lo que desde ya los alza como imperdibles a seguir el próximo año.

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