sábado 11 de diciembre de 2010
Documentos de la Armada de 1930 fundamentan las actuales demandas de tierra.
Un pascuense que vivió parte de su niñez en Nueva York; un jefe de clan que luego sería formalizado por usurpación, y un empresario con una larga historia en Rapa Nui. Alberto Kiri Ika (49), Miguel Tuki Atan (53) y Patricio Fernández Garcés (57) son las tres personas detrás de la recuperación de los registros de propiedad con que algunas familias isleñas piden al Estado que les devuelva tierras que demandan como propias. Los archivos que respaldan esa posición son de la década de 1930 y se suponían quemados. No fue así y son esos documentos los que ahora respaldan las tomas en la isla.
Los tres se conocen hace cerca de cuatro años y juntos trabajan para construir una lancha de rescate y en la recuperación del denominado "moai de la paz", una réplica fabricada en los 90, que este año volvió a la isla luego de recorrer varias partes del mundo. Pero la historia que hoy tiene su atención se remonta a 2009, cuando los tres fueron en Santiago a la casa de un coleccionista, que mantenía guardados documentos de la Armada de más de 70 años de antigüedad.
Aunque ellos no hablan de su identidad, según fuentes ligadas al tema arqueológico, se trataría del antropólogo Ruperto Vargas, quien -además de su interés por Rapa Nui- colaboró con el fallecido empresario Ricardo Claro en la recolección de las piezas del Museo Andino, ubicado en la Viña Santa Rita. Este lugar, entre otras culturas, exhibe piezas de Isla de Pascua.
Los tres se encontraban en la capital cuando, afirman, recibieron el llamado del coleccionista. Miguel Tuki, cuyo nombre aún no era conocido por su participación en los desalojos de la toma en la casa del Poder Judicial, cuenta que le preguntó a él y a Alberto Kiri: "¿Cuál es su linaje?".
Las escrituras
El jefe del clan de Tuko Tuki, que reclama los 55 mil metros cuadrados del centro cívico de la isla y que hoy, como medida cautelar, no puede acercarse a varios puntos de la ciudad, le respondió que pertenecía a la casa real Miru y, por tanto, era de la descendencia del rey Hotu Matua.
Mike, como le dicen en la isla, explica que esta persona le dijo "lleva este título, entrega a cada dueño, para que cada dueño sepa dónde está su lugar". El jefe de la familia dice que trajo la documentación a la isla y que tras el comienzo de las tomas le pareció oportuno distribuirlas.
Relata que "llegamos adentro de la gobernación y empezamos a llamar a todos. Ustedes tienen aquí el papel".
Alberto Kiri, el pascuense que cuenta que en 1969 vivió con sus padres seis meses en Nueva York y que que volvió impresionado por artefactos extraños como "la cocina y el refrigerador", también cuenta su encuentro con el coleccionista que les dio los documentos. "Nos preguntó de qué descendencia éramos nosotros y le dijimos que de Tuko Iho. El contestó: 'Ahora puedo entregar esto".
El empresario Patricio Fernández cuenta que desde la década de 1980 que viaja intermitentemente a isla y que siente un compromiso por estas demandas. Por teléfono, desde Santiago, dice que "todos pensaron que estas escrituras no existían" y que, por eso, hubo tanta cosa "rara" en la adjudicación de tierras.
Al respecto, la gobernadora, Carmen Cardinali, reconoce que las copias traídas por el grupo han sido importantes para que "las tenga la gente" que formula las peticiones, pero afirma que para las mesas de trabajo que deben zanjar el tema de fondo, se solicitó a la Armada archivos oficiales. En algunos casos, las familias explican que desde antes tenían otros documentación de sus terrenos.
"Registro de propiedades, año 1931", dice con letra manuscrita la primera página de los documentos de la Armada recuperados en Santiago hace un año y que son presentados por la familia que busca una compensación por el centro cívico del poblado de Hanga Roa, y que contiene, además, los mapas de las áreas que conforman las reclamaciones de los clanes.
Pero las más de 400 páginas del documento no sólo contienen archivos referentes a las tierras en disputa, sino que también abarca aspectos de la vida cotidiana a principios del siglo XX en la isla.
Por ejemplo, la población sana y la leprosa, los animales del Fisco y los ladrones identificados.
Un documento de 1929, con el título "Lista negra, ladrones conocidos", incluye nombres de personas de la época, divididos en las categorías de "ladrón antiguo", "ladrón conocido", "robo de especies" y "demasiado ladrón".
También se menciona en un documento firmado por Carlos A. Recabarren, que en 1930 los pascuenses sanos llegaban a 358, los leprosos a 17 y los sospechosos de tener la enfermad, a ocho.
Los identificados como chilenos llegaban a siete y los extranjeros, 10. Es decir, había 400 habitantes, en total.
Por otra parte, se menciona que la Armada tenía "57 vacas, 42 novillos, 28 vaquillas, 17 terneros, dos bueyes y cuatro toros" .