Presidente deberá moverse hacia el centro y reformular su estrategia

Obama fijará su agenda en función de su proyecto reeleccionista. Para ello, no sería raro que juegue cartas como la reforma migratoria.

por Alvaro Vargas Llosa, Washington
  • Compartir
Ampliar

Como se esperaba, el Presidente Barack Obama y el Partido Demócrata, que hace apenas dos años parecían destinados a dominar una era política en los Estados Unidos, sufrieron una contundente derrota en los comicios de mitad de mandato, en lo que constituye un indudable vuelco político en el país. A partir de ahora, se verán obligados a compartir el poder con una Cámara de Representantes controlada por los republicanos y un Senado dividido, donde los republicanos aumentaron su presencia.

Todas las zonas del país que habían sido reacias a abrazar el fenómeno Obama hace dos años, incluidas aquellas que votaron por Hillary Clinton en las primarias demócratas, se volcaron con los republicanos. Estas zonas incluyen el Medio Oeste, los estados de las Apalaches, el Oeste interior y el Sur. Los votantes de raza blanca y clase media baja, poderosa fuerza política, le dieron la espalda al Presidente, rechazando lo que consideran una agenda muy estatista y un poder excesivo de la Casa Blanca. Ello, a pesar de que los republicanos tienen un nivel de rechazo mayoritario en el país, sólo unos puntos menor del que tienen los demócratas. Las figuras congresales del partido opositor, particularmente John Boehner, el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, y Mitch McConnell, el jefe de la minoría republicana en el Senado, pasan a ser figuras clave de la política estadounidense, a pesar de que tienen todavía un nivel de reconocimiento muy escaso en el país y tendrán a Obama bajo amenaza permanente. Será con ellos con quienes el mandatario tendrá que entenderse como lo hizo en los últimos dos años con Nancy Pelosi y Harry Reid, los líderes de su partido en el Congreso.

El Presidente deberá reformular su estrategia a partir de este momento. En los últimos dos años, aprovechando su mayoría parlamentaria, el gobernante logró hacer aprobar una inyección fiscal de más de US$ 800 mil millones a la economía. También impulsó exitosamente algunos de los viejos ideales demócratas, incluyendo la reforma sanitaria y la reforma financiera, que fueron aprobadas luego de ciertas concesiones a la oposición, mientras que en otros casos, como los bonos de carbón para reducir el calentamiento atmosférico, la Casa Blanca vio frustrados sus esfuerzos por divisiones dentro del propio partido del gobierno. Todo ello chocó con la resistencia de una población que teme más que nunca el colosal nivel de endeudamiento y déficit presupuestario generado en años recientes, y que parece sensibilizada por la denuncia del Tea Party y otras organizaciones populares conservadoras contra lo que se percibe como la deriva socialista del gobierno.

El nuevo Congreso, donde los republicanos aumentan en más de 50 escaños su presencia y que asumirá en enero, intentará revertir las leyes aprobadas por Obama e imponer reducciones fiscales de unos US$ 100 mil millones, lo que promete abrir un período de estancamiento y polarización. Ante ello, el Presidente podrá impedir que sean revertidas sus leyes clave de lo que ha sido su gestión hasta ahora -el veto presidencial sólo puede ser superado por votaciones parlamentarias que los republicanos no están en condiciones de lograr-, pero por ello mismo se verá forzado a hacer concesiones en cuanto al gasto público. Esa dinámica ya tuvo lugar a partir de 1994, cuando los republicanos liderados por Newt Gingrich capturaron el Congreso y obligaron a Bill Clinton a correrse al centro, lo que disparó un clima de confianza empresarial gracias al cual se crearon 20 millones de empleos. Esto, paradójicamente, permitió la reelección del demócrata y perjudicó a los republicanos que habían logrado imponerle al mandatario demócrata una agenda distinta.

Proyecto reeleccionista

Obama trazará su estrategia en función de su proyecto reeleccionista. Para ello, no sería raro que juegue cartas importantes como la reforma migratoria, colocando a los republicanos, que se oponen a ella mayoritariamente, ante la disyuntiva de ser responsables de su fracaso y sufrir el castigo electoral en 2012 o aceptarla y entregarle al gobierno una gran victoria. Los republicanos intentan perfilar a su partido como una fuerza en proceso de transformación, con creciente presencia de afroamericanos e hispanos. Las victorias de Marco Rubio, senador electo por Florida, y de Susana Martínez, gobernadora electa de Nuevo Mexico, fueron saludadas ayer por los jerarcas del partido como el anuncio de una nueva composición en una organización que en los últimos años parecía poco representativa.

La Casa Blanca tendrá en cuenta en los próximos meses la compleja dinámica interna del Partido Republicano, dividido entre el establishment tradicional y los rebeldes vinculados al Tea Party, muchos de los cuales, como Rand Paul, senador electo por Kentucky, lograron ayer posiciones importantes en el nuevo Congreso. Obama intentará hacer causa común con los primeros, que ven con alarma lo que consideran la deriva extremista de su agrupación. Sin embargo, la base republicana está dominada por estos rebeldes, que tienen en figuras políticas, como Sarah Palin, y mediáticas, como Glenn Beck, a sus portaestandartes más reconocidos. La clave de los próximos dos años, sin embargo, estará en la economía. Como lo demostraron los comicios de ayer, el 9,6% de desempleo, la caída del ingreso, el todavía alto nivel de endeudamiento de las familias y el hecho de que la propiedad inmobiliaria esté 28% por debajo de su precio máximo es el mayor obstáculo para la recuperación del Presidente.

La ventaja de los republicanos es que si logran imponer su agenda sobre el mandatario y no se produce una recuperación significativa antes de 2012, será Barack Obama quien pague el precio.

Proyecciones dan por derrotada propuesta de legalizar marihuana en California

Aparte de la elección legislativa y de gobernadores, otra votación también acaparó la atención en California. Los electores estaban llamados a pronunciarse sobre la llamada Propuesta 19, que buscaba la legalización de la venta de marihuana.

Sin embargo, las primeras proyecciones de resultados indicaban anoche que un 57% de los electores habría rechazado la iniciativa. Encuestas a boca de urna registraron que sólo una de cada cuatro personas fue a sufragar con la motivación de pronunciarse sobre la propuesta 19.

Si se hubiera aprobado la propuesta, ésta hubiera convertido a California en el primer estado norteamericano en legalizar la comercialización del producto. Entre otros detalles, la ley permitía a los mayores de 21 años cultivar hasta 10 hectáreas de marihuana y poseer hasta un miligramo para uso personal. Los opositores a la campaña advirtieron sobre el peligro de que el uso de marihuana estimule otras drogas. La iniciativa fue criticada también por la Casa Blanca y por el gobierno de México, ante las consecuencias que podía tener para ese país.

  • Sé el primero en comentar comentarios
     
SUPLEMENTOS Y REVISTAS

Mundo

Página 16