LA TERCERA | EDICIÓN sábado 03 de julio de 2010 | PAG: 3
La polémica generada durante la última semana por la transmisión en vivo de sólo una parte de los partidos del Mundial de Fútbol a través de la señal abierta de Televisión Nacional de Chile (TVN), estación dueña de todos los derechos para Chile, ha puesto en discusión la estrategia adoptada por esa empresa estatal en la materia. Una mirada desapasionada de la opción tomada por TVN revela que la decisión respondió al propósito de conjugar el interés por dar cobertura abierta a los partidos de la selección chilena -cuya presencia en el Mundial era un hecho incierto cuando se realizó esta negociación-, pero al mismo tiempo salvaguardar la viabilidad económica de la operación. Cabe consignar que el valor pagado por los derechos de televisación fue superior a los US$ 7 millones, y TVN financió parte de su adquisición vendiendo los derechos para la transmisión en vivo de una parte de los partidos a una empresa de televisión de pago. Una parte importante de la molestia del público se debe a una inexplicable tardanza y falta de claridad de TVN, respecto al hecho de que no se iban a transmitir todos los partidos en la señal abierta, en lo que existió además información confusa hasta hace pocos días. Los televidentes tenían el legítimo derecho a conocer con claridad esta situación y a adoptar las decisiones que más convinieran a sus intereses, aspecto que siempre debe ser preservado por las empresas cuando, adoptando alternativas válidas en materia de estrategias comerciales, limitan las posibilidades disponibles para los consumidores. En el debate se ha exagerado la gravedad de que algunos partidos no estén disponibles en la televisión abierta, hasta el punto de que pareciera existir una suerte de "derecho adquirido" a que estén disponibles gratuitamente. Si bien no cabe duda del interés y pasión que despierta el fútbol y la espectacularidad que han adquirido los campeonatos mundiales, debe hacerse una diferencia entre la disponibilidad de los partidos de la selección nacional con el resto de los eventos. La falta de una perspectiva equilibrada en este tema conlleva el peligro de replicar malas decisiones, como las adoptadas en otros países y que han significado enormes perjuicios para los contribuyentes. Un ejemplo es lo ocurrido en Argentina, donde la adquisición de los derechos del fútbol por la estación estatal ha causado pérdidas que en el último año se han estimado en más de US$ 100 millones. Por eso, lo obrado por TVN no merece reproche y responde al interés de que estuvieran disponibles esos partidos de la escuadra nacional, más los principales del Mundial, pero a un costo que pudiera financiarse con la publicidad. El resultado negativo obtenido en mundiales anteriores por las cadenas que habían adquirido los derechos es un dato relevante y que no podía soslayarse en el análisis. TVN está obligado, de acuerdo a su estatuto legal, a autofinanciarse, y precisamente, su administración buscó velar por el cumplimiento de esta obligación. Sería perjudicial para su desempeño que se abriera espacio a que este tipo de eventos se transmitiera a costa del patrimonio público, por la decisión discrecional de su administración o por presiones de actores políticos sobre una empresa autónoma. No hay razones sólidas para que la transmisión por señal abierta de este tipo de eventos deba estar íntegramente garantizada. Si, pese a lo anterior, se aspira a ese objetivo, lo que correspondería es discutir un subsidio y adoptar la decisión con acuerdo del Ejecutivo y el Congreso. En una economía competitiva como la nuestra, lo más probable es que el creciente interés por el fútbol y los Mundiales lleve a que en el futuro se financie la transmisión íntegra de los partidos por señales abiertas gracias al aporte de la publicidad. De acuerdo con lo que ha trascendido, ya existiría la posibilidad de que TVN se asocie con Canal 13 para transmitir íntegramente el próximo Mundial de Fútbol, que se realizará en Brasil en 2014.
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