LA TERCERA | EDICIÓN domingo 20 de junio de 2010 | PAG: 54
El primer estudio del Sernam enfocado a los papás revela su intención de acortar la distancia afectiva que tuvieron con sus padres en la relación con sus hijos. ¿Cómo? Dejando atrás el patrón de paternidad a distancia, haciéndose más presentes y estando atentos a la demanda de afecto de sus propios hijos.
por José Miguel Jaque
Jorge Catalán (41), ejecutivo de una empresa internacional, sabía que su decisión podría acarrearle costos en su trabajo: su agenda marcaba importantes reuniones con clientes que no podían esperar. Pero tuvieron que armarse de paciencia no más: su hijo Marcel (4) tenía gripe obstructiva, con mucha fiebre y decaimiento como síntomas. Y verlo así fue motivo suficiente para que Jorge perdiera puntos pensando en una proyección laboral y se quedara con su hijo. "Me sentí bien haciéndolo. Si me traía costos en el trabajo, era secundario. Al ver a Marcel así, nada era más importante", cuenta. Jorge asegura que él no es una excepción. "No es verso: hay un número creciente de papás que quieren estar más presentes con sus hijos", insiste. Como él, un 61% de los padres con hijos menores de 15 años están dispuestos a sacrificar su desarrollo profesional para estar más tiempo con sus hijos. Esto es, no asumir cargos de mayor responsabilidad si eso se traduce en restarle tiempo a la familia. Es lo que se desprende de un estudio del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) que entrevistó a 800 papás con hijos menores de 15 años para caracterizar la percepción de los padres sobre su rol en la crianza de sus hijos. Lo más relevante de este trabajo es el cambio de los valores de una generación a otra. Los tiempos que corren exigen una nueva construcción de la forma de ser papá, sin dejar de lado las reglas, pero acortando el trecho afectivo que dejaban las generaciones anteriores. Y este estudio revela que los papás están dispuestos a hacerlo. "Antes, el hombre estaba preocupado sólo de su desarrollo profesional por su rol de proveedor. Hoy está más involucrado en la crianza de sus hijos y también debe ser proveedor de cariño y afecto", explica Paulina Guzmán, sicóloga del Departamento de Estudios del Sernam. Otra razón es la demanda de desarrollar la paternidad desde otra mirada viene desde ellos mismos, de las mujeres -cada día más integradas en el campo laboral y buscando compartir el trabajo al interior de la casa- y también de los propios hijos. A esto se suma que cada vez son menos los hombres que son los únicos encargados de mantener la casa: la mujer también aporta y ellos pueden optar por dedicarle más tiempo a los hijos. Hay otros datos que dan cuenta de este cambio: el 33% de los encuestados califica la relación con su padres como "distante" o "muy distante" y el 94% dice que la relación con sus hijos es "cercana" o "muy cercana". Se trata de papás que no tuvieron un patrón de paternidad con cercanía afectiva, lo que les hace más difícil el escenario. Pero estos papás no se quedaron en el reproche, sino pasaron a la acción. "Eso tiene que ver con esta necesidad del hombre de reparar lo que él no vivió y de no querer que sus hijos pasen por lo mismo", dice Guzmán. "Ser participativo es decir: 'yo no quiero ser un papá distante, que lo más común que hace es comer con sus hijos. Yo quiero hacerles cariño'", complementa Daniela Ortega, socióloga del Departamento de Estudios del Sernam. Mayor contacto El estudio también muestra cómo han cambiado las instancias que acercan a padres e hijos: si los encuestados dicen que las principales actividades que sus padres hacían con ellos eran comer (63%) o pasear (55%), ellos hacen cariño y regalonean (92%) y juegan (91%) con sus hijos. Es decir, están acortando la distancia afectiva por medio del contacto físico, un dominio casi exclusivamente femenino hasta hace algunos años. En esto tiene mucho que ver la demanda de afecto de los propios hijos. "Cuando el papá no logra dar el salto y desarrollarse emocionalmente, muchas veces el hijo logra verlo y quererlo con sus limitaciones. Entiende que a él le tocó una cosa distinta y que recibió un trato más frío de su abuelo", explica Paulina Guzmán. Sin embargo, hay caminos para superarlo: muchas veces ese mismo papá es capaz de verbalizar esa falencia, decir que no le enseñaron, que el abuelo nunca lo abrazó ni le dijo te quiero. Pero que está intentando hacer algo distinto con él. "Y los sacrificios retratan justamente eso: la intención de hacer algo distinto, aunque en la práctica aún no se vea tan masivamente", concluye Guzmán.
Procesando mensajes...
#{date} | #{author}
