LA TERCERA | EDICIÓN lunes 07 de junio de 2010 | PAG: 3
Llevar a los niños de paseo a conocer La Moneda debiera ser obligatorio. Con sus propios ojos pueden ver que el lugar desde el cual se gobierna a su país es un edificio muy concreto, lleno de gente bastante seria que trabaja en oficinas, con uno que otro quiltro que deambula indolente por sus patios, a la espera de que los guardias lo echen o de ser fotografiado en la conferencia de prensa de algún ministro.
Es un ejercicio muy republicano, ese de poder recorrer la sede del poder político y tener algún atisbo de quienes ejercen cargos de alta responsabilidad en el gobierno mientras se dirigen a alguna reunión, quizás con el propio Presidente. Tiene su gracia saber que a pocos metros de donde uno está parado se están tomando decisiones -acertadas, ojalá- que pueden afectarnos.
Pero la mejor forma en que un niño puede acercarse al "lado humano" de Palacio es tener la suerte de estar en el mismo curso que el hijo(a) de un ministro, como pasó el otro día con la hija de la ministra vocera de gobierno, que recorrió junto a sus compañeros de clase, y de la mano de su madre, los patios de Los Naranjos y Los Cañones.
La ministra, eso sí, no cumplió a cabalidad su rol de anfitriona, pues hizo oídos sordos a las peticiones de "¡Queremos ver a Piñera!" que hacían los niños. Cómo se justificó, no se sabe, pero de seguro tuvo que darle explicaciones a su hija más tarde. Tal vez con la promesa de invitar al curso a Cerro Castillo -con saludo del Presidente incluido- la ministra salga del apuro. (MOJ)
Procesando mensajes...
#{date} | #{author}
