LA TERCERA | EDICIÓN jueves 27 de mayo de 2010 | PAG: 46
El meta es un luchador de nacimiento, ya que nació con 1,8 kilo. Fue descubierto a los 17 años en Valparaíso y tras ser desechado por Colo Colo y Wanderers pensó en retirarse. Sin embargo, realizó un doble esfuerzo, que le permitió estudiar de noche, sacar el título profesional y estar cerca del Mundial.
por Ramiro Fuenzalida T.
Imagínese a un arquero con una estatura de un metro ochenta y ocho centímetros. Y visualícelo demostrando condiciones extraordinarias en las canchas del cerro Placeres de Valparaíso, para luego con 17 años ser llevado a las juveniles de Santiago Wanderers, marcando el inicio de una carrera que hoy lo tiene en la Selección. De seguro, muchos hinchas porteños tirarán nombres sin acertar que esa figura es Luis Marín, el portero que hoy destaca en la "Roja" y que como buen luchador le dobló la mano al destino. Y lo hizo, literalmente, desde la cuna, pues para este portero el camino al éxito no ha sido fácil. "Luis es un hijo especial. De esos que llegan como un regalo del cielo... Recuerdo que cuando nació pesó un kilo ochocientos gramos y su abuelo no lo quería tomar en brazos por miedo a hacerle daño. Era tan chiquitito, pero con una fuerza que contagiaba", recuerda Ana María Barahona, madre del portero, quien ve cómo ese kilo ochocientos de su primogénito parece ser una característica increíble de creer en este porteño de corazón. "Acá jugaba en el club Cincel del cerro Placeres y lo hacía siempre en el arco. Nunca visualizamos que sería futbolista. Le gustaba mucho la rama mecánica y herramientas de la cual egresó del colegio Salesianos...", rememora su madre, la que junto a su esposo se convirtieron en sus hinchas número uno, al que acompañaban siempre y al que su progenitor intentó convertir en volante. "Su papá jugaba de '8' y siempre le regaló una pelota. Quería que la pateara, pero Luis corría y la tomaba con la mano. Nos convencimos de que sería arquero, luego lo vieron y lo llevaron a Wanderers", agrega orgullosa la señora Ana María. Casi cuelga los guantes "Empecé a los 17 años en el barrio. Me llevaron a Wanderers y luego viajé a Santiago para probarme en 2002 en Colo Colo, y quedé. Me iba a quedar, pero dependía de que Víctor Loyola se fuera a préstamo, lo que no pasó y me tuve que volver a Valparaíso. En ese equipo estaba Bravo, Lobos y Ramírez", rememora el hoy indiscutido de Unión, para luego hablar de un duro momento. "Volví a Wanderers, pero casi no jugué y luego me echaron del equipo. Sólo Juan Olivares intentó que me quedara, pero tuve que partir. Ahí pensé en dejar la carrera de futbolista. Ahí volvió a aparecer Marcelino Espina, mi otro mentor, y me habló de ir a Audax, donde tampoco jugué mucho. Carlos San Martín y Johnny Herrera eran los elegidos", dice. Lo anterior era un panorama impensado para quien hacía un doble esfuerzo. "Cuando estaba en Colo Colo viajaba todos los días a Santiago y luego volvía para irse derechito a estudiar en la noche al Inacap. Lo íbamos a buscar todos los días cerca de las doce de la noche. Siempre cumplió y terminó sacando el título de dibujante industrial", cuenta su mamá. "Esa rutina de estudiar la realicé también en Santiago, donde terminé por recibirme", refuerza Marín. El dolor y la esperanza Y en 2007 llegó su gran oportunidad de mostrarse. "Llegué a Lota, donde jugué todo el año. Pero viví uno de los momentos más dolorosos, pues descendimos. Fue mi amargura más grande", confiesa Marín, quien luego tuvo su revancha en Unión. "Veníamos de jugar por la Sudamericana con La Equidad y Lucho (Marín) no había jugado. A 9.000 metros de altura le anticipé que sería el tercer arquero de Chile en el Mundial", cuenta Rafael Martínez, directivo hispano. "Recuerdo esa charla. Le dije que me sentía capaz y resultó. Me tengo una fe inmensa", remata Marín, el mismo que empezó en el cerro Placeres y que hoy va camino a Sudáfrica.
Luis Marín es el meta indiscutido de Unión Española, equipo con el que jugó la Libertadores 2009. Antes sumó minutos en Audax y Lota. En la "Roja" debutó ante Venezuela (0-0), luego jugó frente a Trinidad y Tobago (2-0) y finalmente estuvo en la derrota por 1-0 ante México. Suma 270 minutos en el equipo de Bielsa.
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