LA TERCERA | EDICIÓN miércoles 26 de mayo de 2010 | PAG: 3
Los partidos políticos rara vez pierden la ocasión de manifestarse en favor de la competencia y hoy en día, repetir con cierto grado de convicción que "sólo compitiendo se prueban los mejores", es parte del bagaje conceptual mínimo del actor político en democracia. La razón es clara: sostener lo contrario es estar en contra de la "renovación" de elencos e ideas (caras y consignas nuevas), y eso es ir a contrapelo de la opinión dominante. O sea, fracaso seguro. Pero, como tantas cosas, predicar la competencia es más fácil que practicarla, y tal vez por eso los partidos son más exitosos en lo primero que adeptos a lo segundo. Porque, si vamos a ver los procesos de elecciones internas en los que todos ellos están sumidos por estos días, el afán por una sana y vivificante competencia no es lo que prima en los ánimos de la mayoría. Todo lo contrario, lo que se busca, lo que se anhela, es el "consenso", una idea que es antídoto y bálsamo a la vez: el consenso evita las peleas, el consenso calma los ímpetus. "Y el consenso habrá de salvarnos", parecen creer en Chile todos los partidos, de oposición y de gobierno, en los que mucho más tiempo y energía se invierte en cerrarle espacios a la competencia, que en prepararle el terreno. Entonces, a menos que se planteen primarias financiadas por el Estado, los partidos huyen de las elecciones como del humo de cigarro: uno intentar alejarse lo más posible de la fuente, pero resignado a tener que aspirar de todos modos. (MOJ)
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