LA TERCERA | EDICIÓN martes 18 de mayo de 2010 | PAG: 2
Señor director:
Nadie pone en duda el rol de independencia que debe tener la prensa en toda democracia y nos alegra que en sus páginas defienda ese principio, pero no veo relación con la afirmación que se hizo en el editorial sobre el diario La Nación, publicado el 14 de mayo: "Lo natural es que los medios no sean estatales, porque en esas manos enfrentan el riesgo de que la autoridad ceda a la tentación de influir en su línea editorial e informativa en propio beneficio". ¿Qué nos quiere decir? ¿Qué lo "natural" es que exista un duopolio que concentra el 92% del mercado?
Siempre habrá "tentaciones" de las autoridades para influir en la línea editorial de un medio estatal, pero eso tiene solución: un estatuto de autonomía, una ley que lo regule u otro tipo de instrumentos para garantizar el pluralismo, objetividad y transparencia necesarios.
La crítica al derecho exclusivo de editar el Diario Oficial es contradictoria, puesto que es un diario mayoritariamente del Estado, que en 1932 -junto a la Imprenta Nacional- fue entregado como patrimonio a la Empresa Periodística La Nación, justamente para que financiara el diario y no sucumbiera ante el mercado publicitario de la época.
La garantía de pluralismo, objetividad y transparencia es necesaria financiarla. Depender del mercado y de negocios asociados a esta publicidad no garantiza independencia, sólo cambia el personaje que tiene la "debilidad" de influir en sus contenidos. Concordamos en que los miembros del directorio de La Nación se eligen sin ningún criterio conocido y los distintos proyectos editoriales que se han emprendido durante, por ejemplo, los últimos 20 años, han tenido escasas oportunidades de desarrollarse. Esto puede cambiar ahora y es el momento de hacerlo.
Nancy Arancibia
Presidenta Sindicato Area Periodística del Diario La Nación
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