LA TERCERA | EDICIÓN jueves 15 de abril de 2010 | PAG: 6
Roberto Baudrand fue encontrado sentado en el suelo de su dormitorio, con la cabeza apoyada en el velador y a su lado había varias cajas de remedios abiertas. Su familia descarta la tesis del suicidio, recordando que tenía problemas cardiacos y había sufrido un infarto.
por Equipo de Política
Las personas que ingresaron al departamento del ingeniero Roberto Baudrand el martes en la tarde, en La Habana, lo encontraron en el suelo de su dormitorio, sentado al lado de la cama y con la cabeza apoyada en el velador. A su lado, sobre el piso, había varias cajas de remedios abiertas. Las informaciones anteriores son parte de los antecedentes que maneja la Cancillería sobre el fallecimiento del ingeniero, quien se desempeñaba como gerente general de Río Zaza, compañía del empresario chileno Max Marambio y que está bajo investigación de la Fiscalía General de la República de Cuba. Previo a su fallecimiento, el ingeniero había sido interrogado en tres oportunidades por miembros de la fiscalía y estaba impedido de salir del país. Según las versiones recibidas por Cancillería -que el jueves 8 había solicitado al gobierno cubano que autorizara su salida-, hasta el dormitorio de Baudrand llegaron ese martes un funcionario de Río Zaza, el cónsul en La Habana, Fernando Morales, y otro diplomático chileno, además de funcionarios de la policía cubana. El primero en acudir al edificio fue un funcionario de Río Zaza, quien tocó la puerta sin recibir respuesta y decidió alertar a la policía tras ser informado por el conserje que el ingeniero no había salido en toda la mañana. El funcionario, los diplomáticos chilenos y la policía entraron al dormitorio. De acuerdo con las mismas fuentes, en los días previos a su fallecimiento Baudrand se había mostrado muy tenso a raíz de los interrogatorios a los que había sido sometido. Su esposa chilena, Elena Cavagnola, había viajado el sábado a Chile para celebrar el cumpleaños de su hija Alejandra, que ayer cumplía 22 años. La mujer tenía presupuestado regresar el sábado a la isla. Sin embargo, tras enterarse de la muerte de su marido, debió viajar ayer junto al mayor de sus hijos, Nicolás, para iniciar los trámites de repatriación de los restos. Interrogatorio de 11 horas Baudrand comenzó a ser interrogado en marzo por la fiscalía. El primero fue lejos el más traumático, siempre según las versiones transmitidas a Cancillería. En la víspera le avisaron que lo pasarían a buscar a su casa a las 10 de la mañana siguiente. En total, ese día estuvo 11 horas con sus interrogadores. Fue llevado a una casa lujosa, con piscina, y lo sentaron en un salón, probablemente en el sector del Laguito, donde vive parte de la elite cubana. Después, apareció un interrogador vestido con uniforme militar que se identificó como general y profirió insultos contra él y Max Marambio. El tono fue muy agresivo y se le amenazó en varias ocasiones con largas sentencias de cárcel. Otro interrogador se mostraba más amable. En determinado momento lo dejaron cerca de una hora solo en el salón. A las 23.00, lo dejaron en su casa. En los días siguientes, fue interrogado en otras dos ocasiones. Los últimos dos no tuvieron la carga de agresividad y amenazas del primero. Los familiares del ingeniero rechazaron la tesis del suicidio de Baudrand, aduciendo que tuvo un infarto y que tomaba remedios para sus problemas cardiacos.
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