LA TERCERA | EDICIÓN miércoles 24 de marzo de 2010 | PAG: 4
por Julio Dittborn, secretario ejecutivo de la Comisión Bicentenario
He recibido algunas críticas por mis declaraciones sobre el abultado gasto que las autoridades del gobierno de Bachelet hicieron en la Comisión Bicentenario durante enero y febrero de este año. A juicio de mis críticos, mis declaraciones habrían causado un daño a la buena imagen que tenía la Comisión y a la calidad profesional de sus funcionarios.
Lo primero es aclarar que en mis declaraciones nunca hice una crítica a la labor de la Comisión Bicentenario, ni menos a sus funcionarios. Y no la hice, pues en verdad creo que ellos no tienen ninguna responsabilidad en el gasto excesivo que realizaron las antiguas autoridades durante el verano recién pasado. Los funcionarios son víctimas.
Los responsables son las autoridades de la administración Bachelet y a ellos les he hecho una crítica política, jamás personal. He criticado que en los primeros dos meses de este año hayan gastado el 76% del presupuesto anual de la Comisión y también he criticado que muchos de esos gastos hayan ido a pagar bienes y servicios que, a mi juicio, son completamente superfluos. Por ejemplo, se gastaron 101 millones de pesos en imprimir y distribuir a través de un matutino un folleto llamado "Informe del Bicentenario", que es un conjunto de fotos y textos en que las antiguas autoridades se aplauden ellas mismas mientras participan en una gran cantidad de actividades. Este gasto no corresponde.
Cuando las actividades que se realizan son en verdad interesantes, la prensa las cubre sin necesidad de pagar por propaganda. Además, la Ley de Administración Financiera del Estado es clara, pues prohíbe que las instituciones del Estado gasten en publicidad, salvo que ella vaya orientada a explicar a los ciudadanos cómo se accede a los servicios que la institución presta. Si se revisa el folleto aludido, no hay nada que allí oriente al ciudadano a la obtención de servicios del Estado.
Además de este folleto, se gastaron 71 millones de pesos en una campaña comunicacional en 412 emisoras de la Asociación de Radiodifusores de Chile. Se confeccionaron 2.500 pendrives a un costo de $ 19 millones. A mí me llegó uno como diputado, así que me imagino que, al menos una parte, se debe haber repartido entre las autoridades. Se confeccionó una bandera del bicentenario para el Festival de Viña del Mar que costó algo más de $ 3 millones. Se mandaron a hacer 1.000 bolígrafos con cajas de madera y 1.500 abanicos a un costo de sobre $ 16 millones. Se mandaron a hacer medallas de plata y bronce con el logo Bicentenario a un costo superior a los $ 20 millones. Y suma y sigue. Que el lector juzgue sobre la necesidad de que un país con tantas carencias como Chile tenía de gastar estas cantidades de dinero en actividades como ésas.
¿Qué hacer hacia el futuro con poca plata y muchas ideas en la cabeza? La respuesta es cuidar cada peso como si fuera el último y gestionar con eficiencia e imaginación. Queremos hacer muchas cosas con la empresa privada. Por ejemplo, le pediremos al Presidente que considere a la Comisión Bicentenario como una institución que pueda recibir donaciones. Así podremos levantar algunos recursos. Además, haremos muchos proyectos de impacto masivo con empresas que tienen una amplia distribución de sus productos.
Ojalá que el terremoto nos enseñe -de una vez y para siempre- que nunca hay que dilapidar los recursos. Ojalá no los propios, y desde luego jamás los públicos, que son de todos y especialmente de los chilenos más modestos que pagan sus impuestos.
Procesando mensajes...
#{date} | #{author}
