LA TERCERA | EDICIÓN viernes 12 de marzo de 2010 | PAG: 3
Decir que al Presidente Piñera se le "movió el piso" durante la ceremonia de cambio de mando de ayer no es usar una metáfora para graficar su emoción por este importante hito republicano, sino decir la pura verdad. Y es que en plena ceremonia, nuestras díscolas placas tectónicas decidieron hacer uno de esos pequeños "ajustes" que nos han tenido en ascuas durante dos semanas. De seguro, ninguno de los asistentes al solemne acto pensó, mientras sentían temblar el Salón Plenario del Congreso, en lo que dijo Simón Bolívar luego del terremoto de 1812 en Caracas: "Si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella". Quizás por eso los protagonistas de la ceremonia mostraron cierta descoordinación a la hora de ajustarse al protocolo. La entrega de la banda presidencial y de la piocha de O'Higgins fue algo confusa, y ya va siendo hora de definir un sistema para que la mentada piocha no caiga al piso (como volvió a ocurrir esta vez) ni haya que hacer malabares para fijarla en su lugar. Y ver a los principales preguntar, in situ, qué debían hacer, o improvisar un decreto por pérdida del original, entre otros desaciertos, indica que hubo muchos nervios y poco ensayo. Claro que los invitados internacionales supieron dar la nota de altura. Aunque varios miraron con zozobra al techo durante la inoportuna réplica, todos permanecieron estoicamente en sus asientos. ¿Escenas de pánico? ¿Crisis de histeria? Nada de eso. Será porque los demócratas tiemblan, pero no corren. (MOJ)
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