LA TERCERA | EDICIÓN lunes 01 de marzo de 2010 | PAG: 18
Luego de que su abuelo confirmara desde Valparaíso la magnitud del sismo, la pequeña corrió a la plaza de Robinson Crusoe para activar la alarma del pueblo, lo que finalmente salvó muchas vidas. El gobernador de Valparaíso, quien viajó al archipiélago, hizo un devastador balance. Entre las víctimas, hay una mujer que planeaba casarse en julio.
por María Elizabeth Pérez
En el archipiélago de Juan Fernández, el terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter que afectó la zona centro-sur de Chile se sintió sólo como un leve temblor. Al menos así lo percibió Martina Maturana, de doce años, hija de un Carabinero destacado en la Isla de Robinson Crusoe. Sin embargo, luego de notar que algo extraño había ocurrido, le avisó a su padre, quien además de tranquilizarla, llamó al continente para recabar datos sobre el posible sismo. Martina, al escuchar que su abuelo, residente en Valparaíso, confirmaba la tragedia que a esas horas se desataba en Chile, miró por la ventana y observó que los botes de la bahía saltaban y chocaban entre sí. Entonces corrió a la plaza del pueblo y tocó el bong instalado en el centro del parque. Sin saber el código de emergencias estipulado entre las autoridades de la isla -dos para incendios, tres para derrumbes- despertó a varios lugareños de la isla, quienes también comenzaron a tocar campanas y a huir hacia las alturas. Minutos después, el maremoto destruyó la caleta. Gracias a la pericia de Martina, el tsunami que desvastó Juan Fernández no produjo más víctimas. "No quedó nada" Historias como esta narró el gobernador de Valparaíso, Ricardo Bravo, luego de llegar al continente desde el archipiélago en la tarde de ayer. "No quedó nada en la isla", explicó. Según la autoridad, quien fue designado como jefe del comité de emergencia de Juan Fernández, las olas ingresaron 300 metros e inundaron un colegio, la plaza y municipalidad. Ayer, dos aviones ambulancias llegaron con los restos de cuatro de las ocho víctimas fatales que dejó la tragedia. Las otras cuatro serán enterrados allá, luego de que se habilite el cementerio, el que quedó parcialmente destruido. El balance que entregó Bravo indica que 200 personas están damnificadas, lo que representa el 35% de la población de la isla. Ellas fueron albergadas en las casas del resto de los habitantes. Además, hay ocho personas desaparecidas, entre ellas un ciudadano español. En cuanto a los heridos, el gobernador señaló que cinco fueron trasladados el sábado y dos ayer. "Ellos son los heridos más graves, con fracturas y lesiones, y el resto de personas que resultó con lesiones más leves se quedaron allá", comentó. Un contingente del Ejército se dedicará a las labores de limpieza y reconstrucción y ayer arribó la fragata Condell, con implemento de rescate, agua, víveres, un regenerador de luz y un equipo de paramédicos. Una historia conmovedora Una de las historias más tristes que se registraron tras el desastre ocurrió en Juan Fernández. Paula Allardy, bióloga marina de la Universidad Andrés Bello y quien se iba a casar a mediados de año, murió tras el maremoto. La joven se encontraba realizando un estudio sobre los lobos marinos junto a su novio, Ismael Cáceres. De hecho, fue él quien organizó un equipo de búsqueda después de la tragedia y, según trascendió, encontraron dos cuerpos antes de hallar los restos de Paula. Según narró la hermana de la víctima, Maite Allardy, la biologa había viajado el jueves de la semana pasada al archipiélago. Era la primera vez que realizaba un viaje a terreno y su afán por hacerlo la hizo insistir en subirse al buque de la Armada que zarpaba a la isla. La pareja había postulado a una beca para estudiar en Australia. Como sólo Ismael la consiguió, ambos decidieron casarse para irse juntos. "Su pasión era el mar y eso se lo inculcó nuestro padre. Para ella todo era color y sé que se fue feliz", explicó la hermana de Paula, quien recordó que alcanzó a avisarle a su hermana que en Chile había ocurrido un terremoto y le pidió que se refugiara. Sin embargo, fue demasiado tarde y la ola arrasó el lugar.
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