LA TERCERA | EDICIÓN martes 09 de febrero de 2010 | PAG: 4
por José Miguel Serrano, economista y consultor en infraestructura energética
Cuando resta un mes para que asuma el nuevo gobierno, presidido por Sebastián Piñera, al interior del equipo económico y energético que coordina la instalación de la futura administración existe claridad de que Chile necesitará duplicar la actual cantidad de energía disponible, en todos sus sistemas eléctricos, para el 2020. Es decir, se requeriría una potencia instalada de unos 24.000 MW. Para cumplir con esta meta, esencial si queremos crecer de manera más acelerada y mantener la competitividad del país, proyectos como HidroAysén (Endesa/Colbún) y Energía Austral (Xstrata) son relevantes para el futuro económico de Chile. Sobre todo, si se toma en cuenta que producirían 2.750 MW y 640 MW de energía hidroeléctrica, respectivamente. Es bien sabido que la hidroelectricidad es mucho más barata que la generación en base a diésel, carbón y todas las Ernc. Por otra parte, si estos proyectos se llegan a materializar, su funcionamiento va a desincentivar la generación eléctrica con tecnologías más caras y en algunos casos, contaminantes (léase carbón). En todo el mundo existe una clara orientación hacia la "producción limpia" en los procesos industriales. Para Chile, país volcado a los mercados de exportación, esta es una exigencia que no se puede soslayar. Sin embargo, nuestra matriz energética continúa enfatizando el carbón, mientras se les ponen trabas a los proyectos hidroeléctricos. No parece aconsejable mantener en una suerte de "burbuja" el Sur Austral chileno, mientras nos llenamos de centrales más contaminantes. Es tarea de todos apoyar aquellos proyectos eléctricos que sean estratégicos para el país, siempre que se ejecuten de manera correcta. Se ha mencionado insistentemente el daño "irreparable" que podría causar la línea de transmisión eléctrica a la geografía del sur de Chile, principalmente su impacto visual y/o ambiental. Pero estos problemas pueden llegar a mitigarse casi totalmente, hundiendo en el mar el tendido eléctrico en algunos tramos altamente sensibles, o utilizando áreas geográficas alternativas en otros tramos. Un asunto totalmente diferente es el cuidado que se debe tener al diseñar y construir las represas del consorcio Endesa/Colbún en los ríos Pascua y Baker. En el caso de este último, al estar inserto en un territorio más plano, se hace menester inundar una gran cantidad de hectáreas para producir una menor cantidad de energía. Lo mismo se puede decir de la central que la firma Xstrata levantará en el río Cuervo, donde es necesario inundar casi 5.900 hectáreas para producir 640 MW de potencia. Indudablemente, las empresas dueñas de estos proyectos en Aysén van a tener que estudiar seriamente la posibilidad de flexibilizarlos y modificarlos, lo cual no significa dejarlos de lado, pues Chile no debe desestimar el inmenso potencial energético de esas y varias otras cuencas del Sur Austral. Está claro, empero, que la necesaria producción eléctrica debe compatibilizarse con los deseos de la población local. Al parecer, una mayoría de los habitantes de Aysén quieren que las centrales se construyan. Pero también existe en la comarca un fuerte sentimiento histórico, ya que una parte importante de la saga colonizadora se realizó a través de la hoya hidrográfica del río Baker. Allí se establecieron grandes estancias ganaderas que con el paso de los años fueron expandiéndose y dando origen a pueblos y ciudades. La historia familiar de muchas personas que nacieron y se criaron en Aysén se encuentra enraizada con parajes del Baker, que podrían desaparecer bajo un torrente de agua. Y este no es un dato menor.
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