LA TERCERA | EDICIÓN lunes 08 de febrero de 2010 | PAG: 3
En el Patio de los Naranjos, entre tupidos boldos y litres, un solitario y joven guanaco escucha atento por si se acerca algún depredador. No un ministro de La Moneda, ni siquiera un famélico asesor del "segundo piso", sino algo peor, tal vez un puma o, incluso, un cóndor de los cientos que sobrevuelan Santiago. Pero como sólo reina el silencio, al menos por ahora, el asustadizo camélido continúa masticando el pasto que crece entre las losas agrietadas del palacio de gobierno. Sin seres humanos, esa podría ser una escena común en nuestra capital, invadida por la vegetación y convertida en hogar de una variada fauna. Y es el tipo de panorama que describirá la versión latinoamericana de La Tierra sin Humanos, el exitoso programa del History Channel que ahora intentará imaginar el aspecto que tendrían ciudades como Buenos Aires, Río de Janeiro o Santiago si todos sus habitantes estuvieran... bueno, si no estuvieran. Con el tiempo y la falta de cuidados, sin defensa ante los embates de la naturaleza, monumentos como el Obelisco o el Cristo Redentor se vendrían abajo tarde o temprano, sin nadie que lo lamentara. De hecho, sin nadie que fuera testigo. ¿Deprimente, no? Un planeta sin seres inteligentes como nosotros -y no es que hoy abunden, tampoco- nos parece una suerte de desperdicio, un espacio bastante inútil, poblado de criaturas incapaces de valorarlo en su justa medida, de asombrarse ante sus maravillas. Que es, justamente, con lo que sueñan los guanacos. (MOJ)
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