LA TERCERA | EDICIÓN jueves 04 de febrero de 2010 | PAG: 3
Fue bonito mientras duró. Porque el ingreso el mes pasado de Chile a la Ocde, el llamado "club de los países ricos", fue un hito importante para nuestro país. Las 30 naciones de ese grupo nos recibieron con bastante fanfarria, porque allí no entra cualquiera y se exige puntillosamente que cualquier aspirante cumpla con una serie de requisitos. Pero, como dijo ufano nuestro ministro de Hacienda, Chile ha hecho las tareas, y después de mucho esforzarnos por reunir las condiciones de ingreso, al final lo logramos. "Ahí vienen los chilenos", decían hace tres semanas los otros miembros de la Ocde, "habitantes de un país pequeño, pero serio y responsable, que quiere jugar en las grandes ligas siguiendo las reglas. Un socio confiable con el que podemos hacer negocios y asumir desafíos en conjunto". Sin embargo, nuestra realidad de país del Tercer Mundo no ha demorado en recordarnos que pertenecer a un club selecto como ése implica mucho más que pagar el precio de la entrada: hay que saber comportarse. Y que nuestro país duplique el nivel de software pirata en uso que tienen los demás miembros de la Ocde -según sostuvo anteayer la Business Software Alliance- equivale a ser el invitado que se come la torta con las manos en la fiesta de bodas. "Ahí vienen los chilenos", dirán ahora nuestros socios, "con su parche en el ojo y su pata de palo. Cuidado, porque son avezados piratas, fieros en el abordaje y ladinos en la retirada". Sí, fue bonito mientras duró. (MOJ)
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