LA TERCERA | EDICIÓN lunes 25 de enero de 2010 | PAG: 3
Por estos días en que la canícula golpea inclemente la región central y en que millones de chilenos buscan ingeniárselas para burlar al sol, cuesta imaginar cómo lidiaban nuestros ancestros con el calor del verano. Porque, calentamiento global o no, las quejas en esta materia -junto a las imploraciones por un poco de sombra y viento fresco- deben ser tan antiguas como los seres humanos. Ellos, claro, no tenían aire acondicionado, bebidas heladas ni ventiladores (ni qué decir bloqueador para mitigar los efectos del sol). La mayoría tampoco tenía piletas donde, en caso extremo, arrojarse de cabeza, porque éstas son un lujo de urbes de cierto tamaño y relativa holgura de medios. Y en muchos casos, probablemente sus ropas no fueran las más adecuadas para mantenerlos frescos. Sin embargo, una civilización como la egipcia, por ejemplo, pudo florecer bajo el candente sol africano, con imponentes ciudades y monumentos en medio del desierto. A pesar del tórrido calor lograron crear una cultura que hasta hoy nos maravilla. ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué podemos aprender de ellos? La respuesta es obvia y algún día un afortunado arqueólogo dará con la evidencia de que los constructores de las pirámides, esos geniales ingenieros, deben haber poseído la tecnología para techar todo el país y apostaron por ponerse a la sombra. Sigamos el ejemplo. ¿Puente de Chacao, Mapocho navegable, Carretera Austral? Proyectos interesantes, sí, pero lo primero es lo primero. De norte a sur, y de mar a cordillera, ¡un toldo para Chile! (MOJ)
Procesando mensajes...
#{date} | #{author}
