LA TERCERA | EDICIÓN sábado 12 de diciembre de 2009 | PAG: 3
Muy pocas personas, viendo acercarse una ola gigantesca, sienten el impulso de correr hacia ella; y muchas menos aun experimentan la súbita e irreprimible urgencia de intentar subirse a ella, para ver hasta dónde los lleva. Pero aunque pocas, esas personas existen, lo cual es afortunado para el resto de nosotros, porque podemos disfrutar de esas increíbles imágenes en que un ser humano parece tomarse a la chacota las fuerzas de la naturaleza, subiendo y bajando sobre una tabla por una tromba de agua de millones de metros cúbicos, varios metros de altura y sobre afilados arrecifes.
Desde luego, para muchos el asunto no tiene nada de chacota. Todo lo contrario: se toman tan en serio esto de desafiar el oleaje -y divertirse haciéndolo- que se dedican a ello, se vuelven atletas profesionales y compiten en eventos de talla internacional. Y algunos, los más talentosos y esforzados, participan en el Torneo Mundial de Olas Gigantes, como el chileno que esta semana alcanzó el quinto lugar y, además, el premio por haber "corrido" la Monster Drop, es decir, la ola más grande del certamen.
Así como en una final mundial de 100 metros planos el ganador logra ser, por unos segundos, el hombre más rápido sobre el planeta, Ramón Navarro se dio el lujo de dominar-también por unos segundos- la ola más grande del mundo. Al revés de lo que haría cualquiera de nosotros al verla venir, él salió disparado a su encuentro. Lo que confirma que no se puede estar "en la cresta de la ola" jugando al timorato. (MOJ)
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